sábado, 12 de septiembre de 2009

:::Las harimaguadas:::

:::Las harimaguadas:::

Maguada dándose un baño purificador

Por norma general, las fuentes documentales del pasado prehispánico de Canarias ofrecen una imagen sesgada e incompleta de nuestros ancestros. Analizan la realidad isleña desde un punto de vista externo, contaminado por la constitución cultural del observador. Por eso, lo más adecuado es acercarse a estos textos de forma crítica.

Preparadas para la vida adulta

El caso de las harimaguadas no es una excepción a la norma. La doncellez y el encierro que las caracterizaba favoreció que los cronistas, influidos por la mentalidad religiosa y monacal de la época, las representaran como monjas o sacerdotisas. Así, mientras la crónica Ovetense [(1639) 1993: 162] anota que los guanartemes tenían «casas de Doncellas encerradas, a manera de emparedamiento», el códice Lacunense [(ca. 1554) ca. 1621: 25v y 1993: 224] afirma «que oy llaman monjas, a estas [...] maguadas». Encontramos connotaciones similares en el testimonio recogido por Abreu Galindo [(ca. 1590) 1977: 156]:

Entre las mujeres canarias había muchas como religiosas, que vivían con recogimiento y se mantenían y sustentaban de lo que los nobles les daban, cuyas casas y moradas tenían grandes preeminencias; y diferenciábanse de las demás mujeres en que traían las pieles largas que le arrastraban, y eran blancas: llamábanlas magadas.

Sin embargo, para precisar el objetivo final de este colectivo de mujeres, es necesaria una lectura detenida de las fuentes y una mejor contextualización de los hechos dentro del ámbito cultural y religioso de las antiguas sociedades amazighes del Archipiélago.

En esta línea, el estudioso que más tiempo ha dedicado a explorar el papel de la mujer en la vida isleña, el Sr. Pérez Saavedra [(1982) 1997: 142], interpretó el fenómeno de las (hari)maguadas como un caso de reclusión de menstruantes novicias, de muchachas púberes (mawwad) que se preparaban para ser esposas: «una modalidad de los ritos de paso, de pubertad o iniciación a la vida sexual adulta, tan corriente en las sociedades primitivas». Todos los datos disponibles señalan que le asiste la razón cuando observa que las (hari)maguadas no consagraban su virginidad a ningún dios ni se recluían por espíritu ascético, sino que, al cuidado de mujeres expertas, eran instruidas en todo lo relacionado con el matrimonio –concebido más como destino que como posibilidad– y la maternidad. Era precisamente su condición de futuras madres –además de la pureza que se asociaba a la virginidad– el nexo que las unía con lo sobrenatural.

Baños y rituales

El encierro de las jóvenes se veía justificado por un tabú de contacto muy arraigado en la cultura amazighe: el temor a la sangre –en este caso, la sangre de la menstruación. Según las fuentes etnohistóricas, las novicias sólo salían de su recogimiento para bañarse a solas en la mar, para participar en algunos rituales colectivos relacionados con la lluvia y para su casamiento.

Los baños purificadores, que en ningún caso eran exclusivos de las (hari)maguadas, debían efectuarse al término de las menstruaciones. El agua del mar cumplía su función como desinfectante de las presuntas impurezas sexuales, al tiempo que se le atribuía cierto poder fertilizante. Por su parte, los hombres tenían terminantemente prohibido asistir a los lavatorios: «íhauían de ir solas auíadía díputado para esso y assí sauíendolo, ono, tenía pena delaVida el hombre que fue auerlas oencontrarlas í hablarlas» [Gómez Escudero (ca. 1484) 1934: 67v].

En cuanto a la participación de estas jóvenes en determinados rituales, Abreu Galindo recoge en su Historia el siguiente episodio:

Cuando faltaban los temporales, iban en procesión, con varas en las manos, y las magadas con vasos de leche y manteca y ramos de palmas. Iban a estas montañas [Tirmac y Umiaya], y allí derramaban la manteca y leche, y hacían danzas y bailes y cantaban endechas en torno de un peñasco; y de allí iban a la mar y daban con las varas en la mar, en el agua, dando todos juntos una gran grita [Abreu (ca. 1590) 1977: 157].

Los paralelismos entre este ritual y la Fiesta de la Rama, celebrada hasta nuestros días por las gentes de Agaete (Gran Canaria), parecen evidentes. Y es que, desde tiempos remotos, los ritos de fertilidad han sido de vital importancia para los pueblos amazighes.

De todos modos, el protagonismo de las (hari)maguadas en este tipo de actos no es suficiente para catalogarlas como sacerdotisas. En opinión del Sr. Pérez Saavedra [(1982) 1997: 156], «dicha participación no constituye su fin originario, ni las define, ni es fundamental». Tal vez, las únicas féminas susceptibles de recibir el grado de sacerdotisas sean aquellas maestras que se encargaban de instruir a las novicias. No obstante, hemos entrado ya aquí en el terreno de las conjeturas, porque todas las características expuestas hasta ahora guardan no poca coincidencia, por ejemplo, con las vestales romanas. Y es que la existencia de cosas, personas o grupos específicos a los que se les reconocen cualidades benéficas o profilácticas, que, además, pueden transmitir, menudea en toda la cultura amazighe. Es el caso del color blanco, de ciertos roques sagrados o de los conocidos “hombres mascotas” (o “legítimos”), que también gozaban de una protección divina que transferían a sus acciones.

Localización y etimología

El estudio del caso de las harimaguadas presenta una dificultad añadida. A lo largo de los años, al transmitirse la información de autor en autor, la descripción inicial de este colectivo femenino parece haber sido adulterada en algún pasaje.

Tal vez el ejemplo más claro sea el que nos proporciona Antonio de Viana, quien parece haber sido pionero en extrapolar el término ‘harimaguada’ a la isla de Tenerife. Hasta la publicación de su Poema, las fuentes lo habían aplicado exclusivamente a la isla de Gran Canaria, si bien es cierto que en la crónica del conquistador toledano Antonio Cedeño [(ca. 1490) 1993: 378] ya se habla de «Harimaguadas» tinerfeñas. Aún así, se sospecha que ésta y algunas otras referencias similares fueron introducidas en la copia que Marín de Cubas (1682-1687) realizó del manuscrito.

Viana llama ‘harimaguadas’ a las «bautizadoras» guanches documentadas en la obra de Espinosa, extremo que, según Pérez Saavedra [(1982) 1997: 157], «carece de fundamentación histórica», y se perpetúa, de manuscrito en manuscrito, desde la edición de las Antigüedades. Sin embargo, un análisis etimológico de la voz ‘harimaguada’ puede aportarnos datos reveladores. El vocablo presenta varias lecturas pertinentes, aunque lo más probable es que proceda de la construcción ínsuloamazighe ary_m-awwad, cuya traducción más ajustada es la de ‘(mujer) virgen que contrae parentesco (o protege)’ [Reyes 2006: 56]. Una relación de parentesco que también caracterizaba a las «bautizadoras» de Espinosa [(1594) 1980: 35]:

Acostumbraban [...] cuando alguna criatura nacía, llamar una mujer que lo tenía por oficio, y ésta echaba agua sobre la cabeza de la criatura: y aquella tal mujer contraía parentesco con los padres de la criatura, de suerte que no era lícito casarse con ella, ni tratar deshonestamente.

Aunque resulte bastante difícil acotar el verdadero estatuto social y religioso de esta comunidad femenina tan particular, parece oportuno insistir en que la etimología de los conceptos arroja algunas certidumbres útiles para el análisis etnohistórico. La voz harimaguada (ary_mawwad), corrompida en marimaguada por los españoles [Gómez Escudero (ca. 1484) 1993: 435], contiene una cualificación particular, el ‘parentesco protector’, sobre la expresión maguada (mawwad), que remite sólo a la ‘adolescente o virgen’. En ambos casos estamos en presencia de agentes o portadoras de un caudal de ‘pureza benéfica que canalizan a través de sus acciones’, pero también ante una distinción cualitativa que bien puede hacer referencia a la condición de ‘maestras’ y ‘pupilas’, respectivamente.

En todo caso, nada aconseja dar por cerrada la caracterización definitiva de este colectivo tan importante para la vida ritual y económica de las sociedades ínsuloamazighes.

Fuentes

ABREU GALINDO, Juan de. 1977 (d. 1676 < style="font-style: italic;">Historia de la conquista de las siete islas de Canaria. Edición crítica con introducción, notas e índice por A. Cioranescu. S/C de Tenerife: Goya.

CEDEÑO, Antonio. 1993 (< style="font-style: italic;">Brebe resumen y historia muy verdadera de la conquista de Canaria scripta por Antonio Cedeño natural de Toledo, vno de los conquistadores que vinieron con el general Juan Rexon, en Morales (1993: 343-381 + 1 lám.). [Ms. en paradero desconocido].

ESPINOSA, Alonso de. 1980 (1594). Historia de Nuestra Señora de Candelaria. Introducción de Alejandro Cioranescu. S/C de Tenerife: Goya.

GÓMEZ ESCUDERO, Pedro. 1934 (< style="font-style: italic;"> Líbro segvndo prosígve la conqv’sta de canaria. Sacado en límpío fielmente del manuScrito del licencí. Ped∞ Gomes Scudero Capellan. [Microfilme Millares Carlo. Ms. F-1, en El Museo Canario].

LACUNENSE. 1993 (< style="font-style: italic;">Conquista de la Isla de Gran Canaria, hecha por mandado de los señores Reyes Cathólicos Don Fernando y Doña Isabel. Por el capitán Don Juan Rejón y el Gouernador Rodrigo de Vera con el Alferes Mayor Alonso Jaimes de Sotomayor. Comensose por Musiut Joan de Betancurt el año de 1439 y se acavó el año de 1477 dia del bienaventurado S. P.° martyr a 29 de abril y duró 38 años esta conquista, en Morales (1993: 185-228 + 1 lám.).

MORALES PADRÓN, Francisco (ed.). 1993 (1978). Canarias: crónicas de su conquista. Transcripción, estudio y notas. Las Palmas de Gran Canaria: Cabildo, 2ª ed. (Ínsulas de la Fortuna, 2).

OVETENSE. 1993 (< style="font-style: italic;"> Libro de la conquista de la ysla de Gran Canaria y de las demás yslas della trasladado de otro libro orijinal de letra de mano fecho por el alferes Alonso Jaimes de Sotomayor que uino por alferes mayor de la dicha conquista el qual se halló en ella desde el principio hasta que se acabó y murió en la uilla de Gáldar en Canaria donde tiene oy uisnietos, el qual libro orijinal rremitió a esta ysla el capitán Jhoan de Quintana persona fidedina y de mucho crédito donde fue trasladado por el capitán Alonso de Xerez Cardona en quatro de marso de mil y seissientos y treynta y nueue años, en Morales Padrón (1993: 107-183).

Bibliografía

PÉREZ SAAVEDRA, Francisco. 1997 (1982). La mujer en la sociedad indígena de Canarias. Tenerife: CCPC, 4ª ed.

REYES GARCÍA, Ignacio. 2004. Cosmogonía y lengua en Canarias. S/C de Tenerife: Foro de Investigaciones Sociales.

REYES GARCÍA, Ignacio. 2006. Voces del poder en el amazighe insular. S/C Tenerife: Foro de Investigaciones Sociales.
Autor: Néstor Bogajo

RELATO DE UN NAUFRAGO

RELATO DE UN NAUFRAGO

Al mando del capitán Ramón Martín Cordero, zarpó de Barcelona el 10 de agosto de 1919 el Valbanera en el que habría de ser su ultimo viaje. Tras hacer escala en Valencia, arribó a Málaga el trece de agosto, donde embarcó un importante cargamento de aceitunas, frutos secos y vino. Tras embarcar 34 pasajeros, zarpó de Málaga el mismo día 13 rumbo a Cádiz, puerto del que zarpó hacia las Islas Canarias tras embarcar pasajeros. El día 17 atracó en Las Palmas con 573 pasajeros a bordo. En este puerto embarcaron 251 pasajeros más, de los cuales 169 se dirigían a La Habana y 82 a Santiago. El 18, mientras el vapor carbonea en Santa Cruz de Tenerife, embarcan 212 pasajeros. Finalmente, el día 21 zarpa de Santa Cruz de La Palma, último puerto español de la travesía, donde han embarcado 106 pasajeros más. Rumbo a San Juan de Puerto Rico, Santiago de Cuba, La Habana, Galveston y Nueva Orleáns, el Valbanera deja atrás el puerto palmero, en un viaje hacia la historia y cómo no, hacia el olvido. Viajan a bordo 1.230 personas, 88 tripulantes y 1.142 viajeros. Cuenta la leyenda que mientras el buque reviraba en el puerto de Santa Cruz de La Palma, perdió uno de sus anclas. Un negro presagio para los supersticiosos marineros.

BARCO VALVANERA


Tras haber hecho escala en San Juan de Puerto Rico, arriba el 5 de septiembre el Valbanera a Santiago de Cuba y es aquí precisamente donde comienza el misterio que envuelve el naufragio del vapor. La mayor parte del pasaje tenía billete para La Habana. Sin embargo, 742 pasajeros decidieron desembarcar en Santiago. Es evidente que esta decisión salvó sus vidas. El por qué de este desembarque masivo continua siendo un misterio. Una familia que había embarcado en La Palma, los Zumalave, había pasado toda la travesía intentando tranquilizar a su hija pequeña, que desde el embarque se había mostrado muy nerviosa, sumida en un estado de gran ansiedad. Al atracar el buque en Santiago, el nerviosismo se troncó en histeria. La pequeña suplicaba a sus padres que abandonasen el vapor, ya que tenía la certeza de que este se iba a hundir. Tal era el estado de la niña que finalmente la familia decidió desembarcar.

El mismo día 5 zarpa el Valbanera de Santiago rumbo a La Habana, con 488 personas a bordo. ¿Conocía el capitán Martín Cordero la formación de un ciclón en el Golfo? Es una pregunta que probablemente quedará para siempre sin respuesta. Desde Punta Maysi fue avistado el buque por penúltima vez, navegando a toda máquina en un mar extrañamente en calma y, como telón de fondo, un cielo que comenzaba a llenarse de inquietantes cirros y cirrocúmulos.

La Habana, primeras horas de la noche del 9 de septiembre de 1919. El viento huracanado procedente del Golfo había estado castigando las callejuelas de la capital cubana durante toda la tarde. Los negros nubarrones que descargaban sin descanso trombas de agua sobre la ciudad hacían que los capitanes de los buques atracados en los muelles sintiesen una punzada de inquietud, dudando entre si sus vapores se encontraban al abrigo de un puerto o si acabarían varados sobre el paramento de los muelles. Los pasajeros de uno de estos buques, el Montevideo, no daban crédito a sus oídos cuando entre los aullidos del viento escucharon el desesperado bravido de la sirena de un vapor pidiendo práctico.
Algunos pasajeros alcanzaron a distinguir desde las cubiertas del Montevideo las luces de un vapor con cámara de pasaje, que aguantándose frente al Castillo del Morro, hacía señales con una lámpara morse. Los vigías del Morro descifraron las señales que emitía el vapor insistentemente: la letra G del código internacional de señales, dos destellos largos de luz seguidos de uno corto. Necesito práctico. A pesar que desde el atardecer había sido encendida la señal que indicaba que el puerto se encontraba cerrado, tres luces rojas dispuestas verticalmente, los vigías encendieron una nueva señal: tres luces en línea vertical, blanca la superior y verdes las inferiores: "el estado de la barra no permite salir al práctico", probablemente la última señal que hubieran deseado ver aquella noche desde el buque. Lacónicamente el capitán del desconocido vapor indicó por señales que intentarían capear el temporal en alta mar. Lenta, imponentemente, el buque fue virando, arrumbando hacia el norte entre las gigantescas olas que se estrellaban contra los acantilados. En pocos minutos sus luces se perdieron entre la lluvia y los rociones de agua de mar. Se supone que dicho buque era el Valbanera.

El Valbanera nunca llegó a puerto. Una semana después de haber sido avistado, se propagó por todo el Caribe la noticia: el Valbanera había desaparecido. Desde la Gran Inagua hasta Cabo San Antonio, desde La Habana a Cabo Sable, se inició una búsqueda frenética del vapor y de las casi 500 personas que en él viajaban.

El día 19, el cazasubmarinos de la US Navy US SC 203 pone rumbo al bajo de Rebecca. A unas 5 millas al este de dicho bajo, se encuentra una zona denominada Half Moon, el Bajo de la Media Luna. El comandante vislumbra algo que sobresale del agua en el límite occidental del bajo. Inmediatamente enfoca sus prismáticos y lo que ve le deja atónito. Del agua sobresale el palo trinquete de un vapor y dos pescantes de botes salvavidas. Tras casi diez días de búsqueda, el Valbanera había sido encontrado.

Tras la inspección de los restos se hace un informe cuyo resumen es telegrafiado por el Comandante del Séptimo Distrito Naval al Departamento de marina de Washington. El texto del estremecedor mensaje es el siguiente:

Key West Flo 2:44 AM Sept 21, 1919
Secnav Opnav Washington

El pecio en el Bajo de la Media Luna situado a 6,4 millas al 94 verdadero del Bajo de Rebecca ha sido identificado en este día sin ningún género de dudas como el vapor español Valbanera, de la Compañía Pinillos -El casco está bajo el agua con el extremo de babor de la cubierta de botes sobre la superficie del agua -Los pescantes indican que no se hizo ningún esfuerzo para arriar los botes salvavidas -El pecio está orientado hacia el oeste a una profundidad de 3 a 4 brazas -Excepto una cabeza no han sido vistos restos humanos o restos flotando del naufragio durante los días que los cazasubmarinos han pasado cerca de la zona. A partir de aquí todo queda envuelto en un impenetrable misterio. Nunca sabremos a ciencia cierta lo que sucedió. Existen incluso dudas en cuanto a si fue el Valbanera el buque avistado desde La Habana.

Docenas de anécdotas y leyendas rodean al Valbanera ya su naufragio. Sin embargo, la más curiosa de ellas nos fue dada a conocer en Florida, mientras realizábamos investigaciones sobre la desaparición del vapor. Los restos del Valbanera son conocidos en la zona de los cayos como The Wreck of the Whores, el Pecio de las Putas. Es curioso comprobar, como la transmisión oral de la historia puede llegar a deformar los acontecimientos. Según la leyenda que circula entre los pescadores de Key West, al Valbanera no se le permitió entrar en La Habana porque a bordo viajaba un nutrido grupo de prostitutas. Tampoco es nada nuevo. En los tiempos de la emigración, no resultaba infrecuente verlas hacinadas en los entrepuentes de los vapores, huyendo de la miseria y el hambre. El Pecio de las Putas. Epitafio no merecido para los 488 marinos y emigrantes españoles que quedaron para siempre sepultados en el Caribe en la que ha sido la mayor catástrofe en la historia de la Marina Mercante Española.

Fernando García Echegoyen
Naufragio
Crónicas del mar y la muerte



Emigración canaria a Cuba:

Emigración canaria a Cuba:
http://www.mgar.net/cuba/images/emigrant.jpgLa emigración canaria a Cuba fue cuantiosa y sostenida, tanto que puede considerarse una de sus principales raíces culturales y etnográficas. Hoy no es raro el canario que tiene familiares en Cuba, y menos raro el cubano que lleva un apellido guanche. Porque los descendientes de aquellos emigrantes canarios del XVII poco tardaron en considerarse cubanos de pura cepa. Después de 1882 llegaron al continente americano más de tres millones y medio de españoles. Las fuentes españolas reflejan un cifra menor debida seguramente a la emigración clandestina para eludir el servicio militar o por la falta de documentación en regla. Después de considerar los retornos la pérdida final de población apenas supera el millón de habitantes. Entre 1835 y 1850 Macías Hernández considera que al menos 50.000 isleños emigraron, de los que casi un tercio se dirigen a Cuba. Si el censo de 1846 recogía la presencia de 19.759 canarios en la Isla, el de 1862 los eleva a 45.814, a pesar del descenso en la corriente emigratoria canaria a partir de mediados de siglo. Nuevamente reactivada a fines de la década de los setenta, más de 60.000 canarios emigraron hasta el inicio de la guerra de independencia cubana. La diáspora se prolongó en los primeros decenios de la centuria, hasta que en la década de los veinte se produce una inversión de la corriente, superando los retornos a las salidas. Si Cuba fue el principal destino canario, esta realidad adquiere más fuerza cuando hacemos referencia al emigrante palmero. En el bienio 1913-1914 Cuba acogía entre el 84,9 por 100 y el 87,3 por 100 de los emigrantes salidos por el puerto de Las Palmas, entre el 87 y el 87,2 por 100 de los que parten de Tenerife y entre el 99,2 y el 99,9 de los que embarcan en Santa Cruz de La Palma. De los 4.677 pasajeros considerados como emigrantes que parten en 1914 de Canarias, un 40,5 por 100 lo hacen del puerto de Tenerife, un 31,6 por 100 de Las Palmas y un 27,9 de La Palma. Para 1915 la cifra se elevaba a 6.713 pasajeros, pero los porcentajes habían variado: un 38,4 por 100 tienen como punto de embarque Tenerife, un 44 por 100 Las Palmas y un 17,6 por 100 La Palma. Las condiciones de emigración del común de los españoles fueron muy diferentes de las de los canarios. Tras "pacificar" las islas, y en prevención de posibles rebeldías, los Reyes Católicos ordenaron el traslado de grupos de población nativa guanche a las nuevas colonias de América. En lugar de llegar como colonos o soldados, los isleños, como se los conoce en Cuba, lo hicieron como mano de obra para las plantaciones de caña de azúcar. Los pobladores de Cuba de origen canario llevaron consigo sus devociones tradicionales. Así, el culto a la Virgen de la Candelaria, surgido en Tenerife en el siglo XIV, inspiró la construcción de una ermita en Guanabacoa. Los propios canarios fueron quienes, en el siglo XVIII, la convirtieron en la hermosa iglesia de Santo Domingo. La influencia canaria en la cultura cubana actual es muy notable. A ella se debe la pronunciación peculiar del castellano en Cuba, y la preferencia por formas poéticas como la décima campesina. La improvisación, el punto guijarro o "repentismo", una persistencia de las fiestas campesinas o guateques y las famosas parrandas o Charangas. En ciertos lugares ha sido especialmente destacado el papel de los inmigrantes canarios. Entre ellos: Güira de Melena, Jaruco, Matanzas, San Juan y Martínez en Pinar del Río, Cabaigüan de Sancti Spíritus, Guanabacoa, San Cristóbal de La Habana, Jesús del Monte, Santiago de las Vegas, Bejucal, Santa María del Rosario y Remedios. Familias enteras y sucesivas generaciones pudieron emigrar a Cuba. Para ellos, el mar, más que un elemento de separación, lo ha sido de unión. Eran intereses más de tipo familiar o social lo que les movía en esta aventura. Los canarios fundaron las ciudades de Matanzas, Vuelta Abajo, Sagua, San Carlos de Nuevitas, Manzanillo y Santiago de las Vegas. Entre los canarios ilustres se encuentra Leonor Pérez, la madre de Martí, que ha dado nombre a la Asociación Canaria de Cuba. La emigración canaria constituye una de las facetas más destacadas en la historia insular. La significada aportación de los habitantes de Canarias al acervo sociocultural de las tierras americanas queda fuera de toda duda, pues varias generaciones de isleños cruzaron el Atlántico rumbo a América. Este desplazamiento secular y su integración en los diferentes países receptores constituyó un elemento importante en la configuración social canario-americana.

Emigración femenina:
Las mujeres conformaron también un grupo migratorio importante, sin embargo, la historiografía ha desestimado la emigración femenina, aunque ocupó un papel especial y desempeñó un mito entre las mujeres que sufrían las penurias económicas de la época. Se trataba de mujeres jóvenes, en su mayoría solteras que buscaban un acomodo y un bienestar que no les ofrecía su tierra. En general, se trataba de personas con capacidad laboral plena. El bajo nivel cultural y su origen humilde caracterizaban su status social, marchaban para probar suerte con el deseo de mejorar sus condiciones socioeconómicas.

Éxodo de isleñas:
Según informa las estadística de emigrados con especificaciones del sexo, para el siglo XIX , de un total de 23.592 personas, 6.880 eran mujeres y 16.712 eran hombres. Tales cifras representaban un 29.16 por ciento de mujeres frente a un 70.83 por ciento de hombres. Aunque el número de emigrados fue significativamente superior a las emigradas y numéricamente la emigración masculina equivalía a más del doble de la femenina, si se compara con la emigración de la España peninsular o con la de otros países de tradición migratoria resulta bastante elocuente el éxodo de las Canarias. Especialmente si tenemos en cuenta que para el caso cubano hubo migraciones exclusivamente masculinas, como fue el caso del pueblo chino. Asi por ejemplo, entre 1818 - 1839 de un total de emigrantes de 21.184, el número de mujeres fue 5.971, lo cual representaba el 28,18 por ciento. Entre 1832 - 1845 la salida de mujeres con destino a Venezuela, representó el 36,54 por ciento del total de los adultos emigrados. El caso de Uruguay entre 1840 - 1844 supuso el 41,3%. Asimismo la presencia de mujeres isleñas en Cuba ascendió en los años 1846 y 1860 según reflejaron los censos cubanos.

Valbanera, buque de Pinillos naufragado en 1919También hubo emigración clandestina femenina, que burlando los controles oficiales llegaban de manera ilegal a los países hispanoamericanos. La participación femenina se incrementó a lo largo del siglo; igualmente, aumentaron los grupos familiares donde, indudablemente, la presencia de las mujeres era un hecho. En cuanto a su nivel cultural, las mujeres ofrecen un porcentaje más alto de analfabetismo que los hombres, con lo cual queda patente el alto saldo de analfabetismo femenino. El perfil cualitativo de las isleñas que emigran para América revela un alto porcentaje de iletradas. Se trata de población adulta que nunca asistió a la escuela primaria, que participó poco en ella o estuvo mal escolarizada. La emigrante no marcha para mejorar su condición cultural, sino buscando una salida socioeconómica, intentando superar el mal endémico de crisis agrícolas continuadas y las escasas expectativas que le ofrece su terruño.

Borda buque Tráfico de Mujeres Canarias:
Las isleñas, ilusionadas con la esperanza de alcanzar la posición socioeconómica que su tierra natal le negaba, eran víctimas de las especulaciones de quienes se dedicaban al tráfico del género humano. En efecto, resultó un lucrativo negocio trasladar mujeres canarias a Cuba, pues muchas fueron engañadas por la compañías de embarque, ofreciéndoles falsas expectativas laborales. En ocasiones, ante las escasas alternativas laborales, la mujer isleña de forma voluntaria trabajaba como prostituta. Es cierto que la mayor parte de las veces por engaño y las menos por su propio consentimiento, las isleñas eran destinadas a la prostitución. Además muchas de ellas fueron vendidas como esclavas, subastadas como mercancía, en el muelle de la habana y destinadas a los prostíbulos tanto de la capital como del interior, con lo cual se practicó la trata de blancas. En 1855 el secretario de la Junta de Fomento de La Habana denunció que "se ven muchachas que ni noción tienen de sus deberes religiosos y que, según todas las apariencias, darían nuevo alimento a la prostitución de Canarias tan abundante es estas islas". La contratación de mano de obra isleña era rentable. La explotación de las mujeres canarias como prostitutas en Cuba se podría considerar un sector de ocupación fundamental en el siglo XIX y en primeras décadas del XX. En 1855 estaban registradas en La Habana 200 casas de prostitución con un total de 651 meretrices, el 90% mujeres de color, extranjeras, peninsulares y canarias. Así lo confirma el historiador Hugh Thomas, indicando que en los burdeles en La Habana trabajaban muchas mujeres canarias. Sin duda, el tráfico de mujeres canarias y su explotación sexual en América fue una realidad, siendo víctimas de las especulaciones del género humano. No obstante, otras mujeres a través de la emigración mejoraron su situación socioeconómica. El esfuerzo laboral y la capacidad de ahorro se tradujo en un aumento del nivel adquisitivo y por lo tanto en un ascenso en el grado socioeconómico. Así superaban el estadio de pobreza y miseria que generó la crisis económica en la que se vio inmersa Canarias, pero raras veces se refleja en el incremento del nivel cultural.
Teresa González Pérez, Catedrática de la Universidad de La Laguna
Publicado en La Opinión (19/05/02).
"Abandonaremos nuestra Patria y nuestra parentela porque ha dominado nuestra tierra un dios estéril". (Códice nahualt)
Me voy porque la tierra, el pan y la luz ya no son míos. (León Felipe)

Isleños en Cuba (s.XVIII). Por Manuel Hernández González:

Isleños en Cuba (s.XVIII). Por Manuel Hernández González:
La mayoría de los canarios, como ocurría con el conjunto de la población cubana del siglo XVIII, http://www.mgar.net/images3/paula.jpgse estableció en la provincia de La Habana. Existían otros núcleos de menor entidad en Sancti Spiritus, Remedios, Matanzas, Puerto Príncipe y toda la región central del país. Un estudio del profesor cubano Jesús Guanche es bien expresivo de la presencia canaria en algunas regiones del país. Aunque utiliza una fuente discutible como es la de los bautismos, nos puede aproximar a ver el porcentaje de la población canaria en varias parroquias. En área urbana como la Catedral de La Habana, los canarios eran entre 1701-1750 el 31,71 por 100 de la población española, para descender entre 1801-1850 al 20,38. En una parroquia habanera marginal, el Santo Cristo del Buen Viaje el porcentaje es respectivamente un 35,05 y un 35,67 %. Es significativo que en la primera mitad del XVIII esas cifras eran notablemente mayores, lo que es indicativo de la escasa colonización peninsular en la Cuba anterior al libre comercio. Los canarios eran un 39,32 y un 52,09% de los españoles respectivamente en esas fechas. En las áreas rurales habaneras es donde la presencia canaria es abrumadoramente mayoritaria. En Jesús del Monte, entre 1701-1750 los isleños son un 87,60. Entre 1751-1800 un 82,47 y entre 1801-1850 un 79,78. En la parroquia de Nuestra Señora de la Paz, entre 1801-1850 son unos 76,86% de los españoles.

Detalle orilla alameda de Paula. Grabado de F.Miahle (1885)En Matanzas, la emigración isleña es muy importante. Era en la segunda mitad del XVIII una región escasamente poblada. En el área próxima a la capital los isleños y sus descendientes se dedicaban al cultivo del tabaco. Matanzas fue fundada por emigrantes canarios en 1693. Hemos visto como incluso fue un puerto de escala en el comercio canario-americano. En el siglo XIX el auge azucarero desplazó a los vegueros, que tuvieron que vender sus propiedades. La caña de azúcar y la esclavitud se fueron progresivamente generalizando, favorecidas en las décadas centrales del XIX con la expansión del ferrocarril. La región central del país, Remedios, Santa Clara o Sancti Spiritus, también centros tabaqueros, eran áreas con abundante población isleña. Sin embargo, en Trinidad su porcentaje era bien escaso. Se puede apreciar comparativamente. En Trinidad, entre 1801-1850 el 14,29% de los españoles eran isleños. En Sancti Spiritus entre 1751-1800 los canarios eran el 63,64% y entre 1801-1850 eran el 70,27%. En Oriente la presencia canaria fue escasa, con excepción de Puerto Príncipe, que fue una importante área ganadera en la que los isleños, desde la segunda mitad del siglo XVII, llegaron a constituir buena parte de la oligarquía local, hasta el punto de que la parroquia lleva la advocación de Nuestra Señora de Candelaria. Aunque estas estadísticas no son del todo fiables, pues dependen del interés del párroco en apuntar el origen de los padres podemos ver que entre 1801-1850 el 25% de los españoles en Puerto Príncipe eran de procedencia insular. En Holguín son entre 1751-1800 el 43,75%. En Santiago, la presencia isleña era más reducida, excepción hecha de la política colonizadora de principios del siglo XIX, a la que hemos aludido. Entre 1751-1800 el 22,22% de los españoles son canarios. Entre 1801-1850 desciende a un 9,57%. Debemos de tener en cuenta que los curas sólo recogen la vecindad de os padres y no su naturaleza. De ahí su dudosa fiabilidad. Más correcto hubieran sido los matrimonios.

Las consecuencias del alza del azúcar se traducen en un alejamiento de los vegueros de sus áreas tradicionales hacia nuevos sectores más periféricos, entre los que destaca la provincia de Pinar del Río hacia donde se dirige la colonización de canarios de Bahía Honda, ya mencionada. El auge del tabaco en Vueltabajo llevó a una elevación del precio de los arrendamientos en detrimento de los ingresos de los vegueros. Donde también creció el cultivo del tabaco fue en la región oriental, gracias a la inmigración de colonos procedentes de Santo Domingo y de inmigrantes isleños. Areas como Baracoa o Guantánamo vieron expandir su población con el cultivo del tabaco. La intensa emigración isleña a Cuba del período 1765-1792 vio modificada radicalmente sus condiciones de acceso al proceso productivo. La vega dejó de ser paulatinamente una alternativa rentable. El emigrante isleño desarrolló sus expectativas de futuro en los trabajos que le ofrecía la plantación, como mayorales o técnicos, pero sobre todo en el pequeño cultivo de abastecimiento y la distribución interna, en un mercado en expansión que había aumentado la demanda de productos de primera necesidad. Pero, a medida que este campesinado creció en número, el pequeño cultivador independiente descendió en la escala social. El pequeño agricultor, estanciero, o veguero, que crea el arquetipo cultural del guajiro, se incrementa en la Cuba del último tercio del siglo XVIII. En el censo de 1778 los sitios de labor, estancias y vegas representan el 69% del total de las propiedades agrícolas. (Manuel Hernández González. La emigración canaria a América)


Motivo para indiano retornado. Foto original: Tate Cabré Comercio y emigración en América:
El profesor Manuel Hernández González, compañero del Area de Historia de América de la Universidad de La Laguna y, desde luego, amigo, me pide un prólogo para su nuevo libro sobre las relaciones entre Canarias y el Nuevo Mundo. Se trata de una compilación de estudios que, en algunos casos, fueron publicados previamente en revistas especializadas, varias de ellas de difícil acceso para el público en general, mientras que otros trabajos ven la luz por vez primera. El objetivo de la obra, me explica, es introducir al lector en el panorama del comercio canario-americano durante el Siglo de las Luces, un tema sobre el que, aunque contamos con obras clásicas desde la década de los cincuenta, es ignorado, paradójicamente, en no pocos de los manuales dedicados a la historia de los vínculos entre ambas orillas del Atlántico. En este primer estudio se define el marco general en el que se llevó a cabo la actividad comercial, así como sus características y peculiaridades espaciales y temporales. Acto seguido, el autor aborda la evolución de las corrientes migratorias canarias en el Setecientos y, finalmente, la segunda parte de la obra está dedicada a analizar diversos asuntos que constituyen algunos de los ejes fundamentales de la labor realizada, desde hace años, por el autor, labor que se ha visto coronada con indudables aciertos y con los óptimos frutos de una incuestionable vocación y laboriosidad. Así, pues, el autor nos acerca, con rigor y amenidad, a diversos aspectos que define como la trama mercantil y migratoria canaria, aspectos que resultan esenciales para situarla en un marco general y, de ese modo, ofrecer al lector una visión de conjunto del problema. El primero de los estudios nos aproxima a un problema social e institucional en relación con la actividad comercial: el motín contra el Intendente Cevallos, que tuvo notables implicaciones en la continuidad de un tráfico fundamental en aquellos momentos para el Archipiélago, como era el del tabaco cubano, reexportado hacia el mercado europeo en buena medida desde Santa Cruz de Tenerife. El establecimiento de una nueva institución (la Intendencia), con el objeto de acabar con el contrabando y asumir su total control por parte de la Corona, derivaría en graves tensiones sociales que desembocaron en el asesinato del primer Intendente de Canarias por el populacho santacrucero, y la asunción de su represión por parte de la élite local , separándose del motín y subrayando de este modo su lealtad al Rey.

Emigrantes en la cubierta de un velero [Norteamérica:]
El segundo aspecto analizado aborda un tema prácticamente ignorado por la historiografía canaria salvo contadas excepciones: el del comercio canario-norteamericano. Con la crisis del malvasía desde 1730, la búsqueda de mercados alternativos reorientó la producción hacia el vidueño y condujo los caldos hacia un mercado expansivo, el de las Trece Colonias, paradójicamente restringido por las Actas de navegación británicas que lo constreñían al de vinos procedentes de Madeira. Inicialmente, los mercados canarios pasaron a vender sus vidueños como falso Madeira, pero el auge del tráfico y su continuidad estaba ligado a la penetración en el mercado hispanoamericano, dada la escasa recepción de los productos norteamericanos en Canarias, de ahí que se viese la necesidad, desde un primer momento, de colocar las harinas norteñas en Cuba. Así, pues, Norteamérica se convirtió, antes y después de la Independencia, sobre todo a partir de 1730, en el destino prioritario de los vinos canarios, ante la pérdida local del mercado inglés y la decadencia de las ventas de malvasía. En este sentido, el autor estudia las estrategias emprendidas por los vinateros isleños para su introducción en el nuevo mercado, así como su desarrollo a lo largo de la centuria. Se estudian, finalmente, dos problemas sugestivos en relación con el tráfico indiano. En primer lugar el relacionado con las exportaciones canarias de parra o tierra (aguardiente de vino), y su concurrencia con el aguardiente de caña de procedencia caribeña, lo que dará lugar a una especie de debate cientifista sobre la conveniencia de la primera, dado su presunto carácter medicinal, frente a la segunda. Se trata de una polémica que, como demuestra el autor, encubre intereses estrictamente mercantiles. Además, la existencia de un mercado de aguardientes y vinos peninsulares que son vendidos en Indias como canarios, y que sirven también para "colorear" los caldos exportados a los Estados Unidos es otro de los aspectos analizados. Ello supuso un agudo conflicto entre la oligarquía agraria y la burguesía comercial, que adquirió cada vez más protagonismo socio-político y económico en el tráfico indiano, a medida que avanzaba la centuria. El ahorro que representaba para los traficantes el aguardiente de Mallorca, para ser vendido como canario o para encabezar el falso Madeira, y la introducción de vinos tintos catalanes o valencianos originó constantes fricciones entre la élite agraria y los comerciantes, que se verán incrementadas por el hecho de que la Comandancia General (como máxima instancia ejecutiva del Archipiélago), pareció tomar parte por los segundos, en detrimento de los primeros.

La HabanaPor último, desde una perspectiva más centrada en el tema migratorio se plantean dos temas novedosos e igualmente interesantes. El autor aborda la relevancia de los emigrantes negros (libres y esclavos) y de mulatos desde Canarias hacia la América española. Ello explicaría en buena medida, subraya, el "carácter criollo y diferencial con que era considerado el isleño frente a las migraciones peninsulares, especialmente aquéllas como la cántabra, navarra o vasca que anteponían su nobleza y limpieza de sangre, de auténticos españoles castizos, como señalaba el factor de la Compañía Guipuzcoana y regidor del cabildo caraqueño, cuando diferenciaba entre éstos y los canarios para restringirles su derecho a participar en las alternativas de elección de alcaldes entre criollos y peninsulares". Así, pues, numerosos canarios negros y mulatos, libres y esclavos, cruzaron el Atlántico formando parte de las corrientes migratorias que caracterizan y matizan la historia isleña del siglo XVIII. El autor, a través de un amplio elenco de fuentes documentales canarias y americanas, se acerca a un tema hasta ahora prácticamente inédito que, sin duda, nos ayuda a replantearnos cuestiones relevantes, como la de "los mitos étnicos a cuyo trasluz han sido analizadas las sociedades atlánticas", como subraya con acierto Manuel Hernández González. Cierra esta enjundiosa colección de estudios un trabajo singular que pone de relieve una vez más la singular importancia del elemento canario en la configuración demográfica, económica y, en definitiva, humana del hinterland habanero durante el último tercio del Setecientos. Gracias a la utilización de la rica documentación custodiada en el Archivo Nacional de Cuba, el autor analiza la presencia isleña mayoritaria en relación a la población de origen peninsular que, dedicada a los frutos menores, la ganadería y otras actividades complementarias suministra a la ciudad todo lo necesario para el diario consumo, dada la creciente demanda de un mercado local en constante expansión. Ello es así hasta el punto de que, por ejemplo, el malojero (cultivador de maíz o millo tierno para el consumo del ganado), se convierte en una de las más precisas definiciones del guajiro del extrarradio habanero que, en aquella época, era como decir de toda Cuba. El lector, encontrará a lo largo de las páginas de este libro numerosos temas de reflexión a la hora de entender las especiales relaciones que, desde siempre, nos han unido con la América española y, en particular, con la zona del Caribe, a la que, aún en nuestos días, estamos fuertemente vinculados por los sentimientos de una cercanía espiritual que, como es natural, ha marcado en profundidad nuestro devenir histórico. (Manuel de Paz Sánchez. Prólogo del libro Comercio y emigración en América en el Siglo XVIII. Ediciones Idea, 2004)

domingo, 21 de junio de 2009

Flojo de muelles

Flojo de muelles




Cheche Dorta
domingo, 11 de noviembre de 2007
Decíase de la persona, varón o hembrita, que padecía de flatulencias o de descontrol de los esfínteres en tiempo y forma y que por el ruido y la furia dejaban una estela de olor y de color que no se lo deseo ni a mi mejor enemigo. Repito: ni a mi mejor enemigo.



Dicho lo cual, hay que explicar que esta frase entronca (...) con una época no muy lejana, después de la llegada del cilindro avasallador, que apareció aplastando todo tipo de piedras que hasta ese día habían aguantado los embates del cíclico pendular del reloj de la torre y sus campanas. ¡Ños¡ Y digo ños, porque resume como nada el asombro de la grey infantil que asistía al alumbramiento de las máquinas de guerra que conformaron un antes y un después.



La persona floja de muelles tenía su padecer porque cada cual tiene su cruz y este traumatismo amorosado, mostrábase en velatorios en forma de peos y gufes; en prisas por salir del recinto, a desahogar, mientras la parentela se disculpaba, entreteniendo al vecindario convidando a base de coñac a los hombres y anís a las mujeres. Pero no se puede olvidar la atmósfera que dejo para siempre lo que parecía ser, hasta ese preciso instante, una persona de respeto.

miércoles, 10 de junio de 2009

Fidias

(Atenas, h. 490 a.C.-?, 431 a.C.) Escultor griego. Fue el artista más famoso del mundo clásico, y el maestro que llevó la escultura a las cotas más altas de perfección y armonía. La biografía de Fidias nos es en su mayor parte desconocida. Apenas se sabe nada de su formación, si bien se cree que tenía experiencia como grabador, pintor y repujador. Vivió en la época de Pericles, estadista empeñado en hacer de la Acrópolis de Atenas un signo majestuoso de la grandeza de la ciudad, que se convirtió en el principal protector de Fidias, quien básicamente trabajó en y para Atenas.

Fidias sobresalió tanto en la escultura exenta como en el relieve. La primera obra que se conoce de él es la Atenea Lemnia, una estatua de la diosa destinada a la Acrópolis de Atenas, de la que se conservan dos copias parciales: un busto en el Museo Arqueológico de Bolonia y una figura casi completa en el Albertinum de Dresde.

En el 438 a.C. se consagró la Atenea Partenos, la obra que le significó la fama. La patrona de Atenas está representada en esta estatua de nueve metros de altura como una diosa guerrera, con escudo y casco, preparada para la defensa de la ciudad. La obra, perdida, se conoce a través de copias de tamaño mucho menor.

Además de la Atenea para el Partenón, Fidias realizó otra estatua criselefantina, ésta para el santuario de Olimpia: la efigie de Zeus, incluida por los antiguos entre las siete maravillas del mundo. Era una estatua sedente del dios, de doce metros de altura, que destilaba grandeza y majestuosidad; es conocida a través de reproducciones en monedas y joyas.


Relieves de Fidias en el Partenón

Pero lo que engrandeció el nombre del artista ya en su tiempo y ha mantenido inalterada su fama a través de los siglos son las esculturas del Partenón. Finalizada la construcción del templo, Fidias y su taller se ocuparon de la decoración escultórica, que incluía un friso en bajorrelieve de unos ciento sesenta metros de longitud, dos frontones decorados con figuras exentas y noventa y dos metopas en altorrelieve.

Si bien diseñó todo el conjunto, se cree que Fidias ejecutó una pequeñísima parte, pese a lo cual esta obra constituye una muestra indiscutible de su genio. Las piezas que se conservan se encuentran en su mayoría en el British Museum. Gozan de particular celebridad el grupo de las Tres Parcas y los fragmentos de la Procesión de las Panateneas, sobre todo el grupo de los dioses del Olimpo, donde es de admirar el magistral tratamiento de las telas, que se adhieren al cuerpo y dibujan sus contornos, una faceta creativa que ha contribuido decisivamente a la fama del arte fidíaco; también los caballos, poderosos y dinámicos, y sus fieros jinetes denotan la maestría del escultor

Cambises II

No se puede mostrar la imagen “http://images.encarta.msn.com/xrefmedia/sharemed/targets/images/pho/t044/T044893A.jpg” porque contiene errores.

Cambises II
, rey de Persia (529-522 a.C.), hijo de Ciro II el Grande, a quien sucedió. Para mantener el control sobre el Imperio persa, Cambises asesinó a su hermano menor, Smerdis (c. 523 a.C.). Después encabezó una expedición contra Egipto, único reino independiente que quedaba en Oriente Próximo tras la conquista de Asia por su padre. Cambises derrotó a Samético III, rey de Egipto, y tuvo éxito en su conquista hasta el sur, en Nubia, aunque falló en los posteriores ataques al oasis egipcio de Ammonium (actualmente Siwa) en sus campañas en Etiopía. Durante su ausencia de Egipto, un usurpador, Gaumata, afirmó ser Smerdis y tomó el trono de Persia. Ya que la muerte de Smerdis se había mantenido en secreto, se creyó la afirmación de Gaumata, y fue reconocido rey de Persia durante siete años aproximadamente. Cambises, de camino a Persia para castigar a Gaumata, murió por accidente (o quizás se suicidó). Según el historiador griego Heródoto, Cambises II era un déspota inhumano y disoluto, inclinado a la furia, y cometía actos sacrílegos y crueles.

EL REY FILIPO II

EL REY FILIPO II





Arquelao murió asesinado en el año 399 a. J. C., el mismo de la condena de Sócrates, y a su muerte se abrió un período oscuro, de agitación e inseguridad que duró cuarenta años, hasta el advenimiento al trono de Filipo II, el auténtico creador de la grandeza de Macedonia. Filipo II nació, al parecer, en 382 a J.C., y gobernó Macedonia a la muerte de su hermano, en 360 a. J. C., primero como regente de su sobrino Amintas, y más tarde como rey.
Había pasado su juventud en Atenas y en Tebas, como rehén de guerra, y así había tenido ocasión de captar la grandeza de la civilización clásica helénica. En Tebas, además había conocido la estrategia de Epanimondas y se había convencido de la necesidad de forjar un fuerte instrumento militar para llevar a efecto la gran idea política que había concebido: la unificación de todas las “poleis” griegas, debilitadas por la guerra civil y amenazadas constantemente por el imperialismo persa. Después de esta unificación, llegaría el momento de presentarse como paladín de la idea griega y de vengar sobre los persas las injurias recibidas de aquel pueblo “bárbaro”.
Filipo II estaba casado con Olimpia, mujer de carácter sombrío y vengativo, con un matiz de crueldad que fue heredado por su hijo Alejandro, como habrá ocasión de comprobar más adelante.
Cuando Filipo regresó a Pella, y se hizo cargo del gobierno, dedicó todos sus afanes a la formación de un ejército. Hasta entonces las fuerzas militares de los macedonios se basaban principalmente en la caballería integrada por jóvenes de la clase noble. Filipo añadió a esta arma una potente infantería formada por campesinos a los que consideró, en el campo de batalla, igual que a los nobles.
Es famosa en la Historia la unidad por él creada que fue la base de su ejército: la Falange macedonia, constituida por 4096 hombres distribuidos en 16 filas de 256 guerreros cada una. Llevaban estos “hoplitas” una coraza o armadura como protección, y como armas ofensivas una espada corta y una lanza que medía más de seis metros de longitud. Las cinco primeras filas empuñaban esta formidable pértiga con las dos manos, pasando aquélla entre los cuerpos de los infantes.
Los soldados que se encontraban más atrás apoyaban la lanza en sus hombros, dispuestos a bajarla en el caso de que cayeran los infantes que se encontraban en los primeros lugares. Aquel nuevo cuerpo de ejército carecía de movilidad y de agilidad de maniobra puesto que sólo combatía de frente, actuando como un tanque erizado de puntas que no podía dar la vuelta y sólo era temible en una dirección.
Filipo, justo es reconocerlo, completó aquellas formaciones con dos cuerpos de caballería. Los “hispaspistas”, que eran caballería ligera, estaban encargados de hostigar a los enemigos iniciando el combate, escalando colinas, apoderándose de los atrincheramientos y combatiendo con preferencia los flancos. Cuando se consideraba que el enemigo se encontraba bastante desmoralizado, avanzaban las lanzas. Si el enemigo aún ofrecía resistencia, entraban en combate los “heterios”, nobles fieles amigos del rey, que constituían la caballería pesada, famosa por sus cargas al galope. Además de estas formaciones, Filipo contaba con varios cuerpos de tropas mercenarias, ligeras, que flanqueaban las falanges, y de algunas máquinas de guerra destinadas a sitiar fortalezas y abatir murallas.
El servicio militar en Macedonia era obligatorio para todos, lo que confirió a este país una evidente superioridad sobre las agotadas “poleis” griegas, castigadas por la larga guerra civil, después de haberlo sido ya por las Guerras Médicas. Pero el ansia de poder de Filipo necesitaba todavía de dos elementos importantes: en primer lugar, dinero, siempre el nervio de la guerra, y después el dominio del mar para poder abatir la innegable superioridad de Atenas en este medio. Para conseguir lo primero, emprendió Filipo unas campañas contra los bárbaros del Norte de su reino -ilirios y escitas- que vivían en comarcas ricas en oro, al tiempo que cortaba la ruta comercial que seguían los griegos para enlazar con sus colonias de las costas de los Dardanelos y del mar Negro.
La democracia ateniense se hallaba, como siempre, dividida. Existía un partido panhelénico, dirigido por Isócrates, que vivió entre los años 436-338 antes de Jesucristo, y que defendía la unión de todas las “poleis” bajo el mando de Filipo, tal vez pagado por él como aseguraban sus enemigos. Éstos formaban el partido patriótico, y su jefe fue Demóstenes (384-322 a. J.C.), que atacaba a Filipo presentándolo como un bárbaro ambicioso, cuyo objetivo consistía en la opresión de todos los pueblos griegos.



Filipo comenzó la campaña apoderándose de Anfípolis -protegida por Atenas, aunque entonces no fue defendida- y de las minas de oro cercanas a la misma, tras lo cual cayeron en su poder los puertos de Pydna y Potidea, en la península Calcídica, con lo que tuvo las bases navales precisas para rivalizar con la potencia marítima ateniense. Siguió a continuación la conquista del monte Pangeo, rico en minas de plata, y fortificó allí una antigua ciudad llamada Crénides que fue bautizada con su propio nombre: Filipos. Con aquellas conquistas previas, Macedonia se convirtió en el país más rico de Grecia y Filipo, utilizando hábilmente y de modo alternativo el dinero y la fuerza, fue atrayéndose a su causa a gran número de ciudades, atemorizadas ante su poder. En 358 a. J. C. comenzó en realidad la guerra contra Atenas, que duró veinte años, con algunas pausas de tregua. A estas guerras se las denomina también “sagradas”, porque el pretexto para las mismas fue el deseo de varios países de controlar los cuantiosos tesoros del templo de Apolo en Delfos y de dirigir la Anficcionía, guardadora también de considerable cantidad de dinero.

http://www.oya-es.net

domingo, 7 de junio de 2009

Eurípides

(Salamina, actual Grecia, 480 a.C.-Pella, hoy desaparecida, actual Grecia, 406 a.C.) Poeta trágico griego. De familia humilde, Eurípides tuvo como maestros a Anaxágoras, a los sofistas Protágoras y Pródicos y a Sócrates, cuyas enseñanzas se reflejan en su obra.

En el 455 a.C. Eurípides presentó a concurso su primera tragedia, Los Pelíadas, con la que obtuvo el tercer puesto. Seguirían 92 obras más, de las cuales se han conservado diecisiete tragedias, que, sin embargo, poca fama y reconocimiento le aportaron en vida: sólo obtuvo cuatro victorias en los festivales anuales que se celebraban en Atenas, por lo que hacia el final de su vida decidió trasladarse a Macedonia para incorporarse a la corte del rey Arquelao (408 a.C.), donde según la leyenda fue devorado por unos perros.


Eurípides

Las obras de Eurípides representan un cambio de concepción del género trágico, de acuerdo con las nuevas ideas que había aprendido de los sofistas; así, su escepticismo frente a las creencias míticas y religiosas es manifiesto en sus obras, que rebajan el tono heroico y espiritual que habían cultivado Esquilo y Sófocles a un tratamiento más cercano al hombre y la realidad corrientes.

Esquilo

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/e/fotos/esquilo.jpg(Eleusis, actual Grecia, 525 a.C.-Gela, Sicilia, 456 a.C.) Trágico griego. Esquilo vivió en un período de grandeza para Atenas, tras las victorias contra los persas en las batallas de Maratón y Salamina, en las que participó directamente. Tras su primer éxito, Los persas (472 a.C.), Esquilo realizó un viaje a Sicilia, llamado a la corte de Hierón, adonde volvería unos años más tarde para instalarse definitivamente.

De las noventa obras que escribió Esquilo, sólo se han conservado completas siete, entre ellas una trilogía, la Orestíada (Agamenón, Las coéforas y Las Euménides, 478 a.C.). Se considera a Esquilo el fundador del género de la tragedia griega, a partir de la lírica coral, al introducir un segundo actor en escena, lo cual permitió independizar el diálogo del coro, aparte de otras innovaciones en la escenografía y la técnica teatral.

Esquilo llevó a escena los grandes ciclos mitológicos de la historia de Grecia, a través de los cuales reflejó la sumisión del hombre a un destino superior incluso a la voluntad divina, una fatalidad eterna (moira) que rige la naturaleza y contra la cual los actos individuales son estériles, puro orgullo (hybris, desmesura) abocado al necesario castigo. En sus obras, el héroe trágico, que no se encuentra envuelto en grandes acciones, aparece en el centro de este orden cósmico; el valor simbólico pasa a primer término, frente al tratamiento psicológico.

EL ARTE GRIEGO

El Arte Griego marca un referente para la civilización occidental que perdurará hasta nuestros días. Los modelos griegos de la antigüedad son tenidos como clásicos y los cánones escultóricos y los estilos arquitectónicos han sido recreados una y otra vez a lo largo de la historia de Occidente.

    PINTURA
Para hablar de la pintura griega es necesario hacer referencia a la cerámica, ya que precisamente en la decoración de ánforas, platos y vasijas,cuya comercialización era un negocio muy productivo en la antigua Grecia, fue donde pudo desarrollarse este arte.

Al comienzo los diseños eran elementales formas geométricas -de ahí la denominación de geométrico que recibe este primer período ( siglos IX y VIII a. C. )- que apenas se destacaban sobre la superficie.

Edipo interrogado por la Esfinge
Ánfora ática, decorada con Heracles y el toro Minos
Aquiles y Ayax jugando a los dados
Copa Ática decorada con Atletas
Corredores durante los Juegos Panatenaicos
Crátera con una escena de preparación de un espectaculo teatral
Con el correr del tiempo, éstas se fueron enriqueciendo progresivamente hasta cobrar volumen. Aparecieron, entonces, los primeros dibujos de plantas y animales enmarcados por guardas denominadas "meandros". En un próximo paso, ya en el período arcaico ( siglos VII y VI a. C. ), se incluyó la figura humana, de un grafismo muy estilizado. En medio de las nuevas tendencias naturalistas, ésta cobró mayor importancia al servicio de la representaciones mitológicas.

Las escenas se organizaron en franjas horizontales paralelas que permitían su lectura girando la pieza de cerámica. Con el reemplazo del punzón por el pincel los trazados se volvieron más exactos y detallistas. Las piezas de cerámica pintadas comienzan a experimentar una notable decadencia durante el clasicismo (siglos IV y V a. C.) para resurgir triunfantes en el períodohelenístico (siglo III), totalmente renovadas, plenas de color y ricamente decoradas.

  • ESCULTURA
Las primeras esculturas griegas (siglo IX a. C.) fueron pequeñas figuras humanas hechas en materiales muy maleables tales como la arcilla, el marfil o la cera. No fue hasta el período arcaico (siglos VII y VI a. C.)que los griegos comenzaron a trabajar la piedra. Los motivos más comunes de las primeras obras eran sencillas estatuas de muchachos (kouros) y muchachas (korés). De formas lisas y redondeadas, estas figuras plasmaban en la piedra una belleza ideal.

Estas figuras guardaban una gran similitud con las esculturas egipcias que habían servido de modelo. Con la llegada del clasicismo ( siglos V y IV a. C. ), la estatuaria griega fue tomando un carácter propio y abandonó definitivamente los primitivos patrones orientales. Gracias al estudio de las proporciones se pudo copiar fielmente la anatomía humana y los rostros ganaron definitivamente en expresividad y realismo.

Discóbolo de Mirón
Hermes sosteniendo a Dionisos niño
Laocoonte y sus hijos
Tales de Mileto
Venus de Milo
Victoria de Samotracia
Se introdujo el concepto de "contrapposto", posición por la cual la escultura se apoyaba totalmente sobre una pierna, dejando la otra libre, y el principio del dinamismo cobró forma en las representaciones de atletas en plena acción. Algunos de los grandes artistas del clasicismo fueron Policleto, Mirón, Praxíteles y Fidias, aunque tampoco se puede dejar de mencionar a Lisipo, que intentando plasmar las verdaderas facciones del rostro, logró los primeros retratos.

Durante el período helenístico (siglo III a. C.) se enfatizaron y sofisticaron las formas heredadas del clasicismo. Así, producto de esta recepción, surgieron obras de inigualable monumentalidad y belleza, como "El coloso de Rodas", de treinta y dos metros de altura. Cabe aclarar, que tanto por su función religiosa como decorativa, la escultura se hallaba estrechamente ligada a la arquitectura. Así lo evidencian los trabajos estatuarios de las fachadas, columnas e interior de los templos.

  • ARQUITECTURA
El templo fue, sin lugar a dudas, uno de los legados más importantes de la arquitectura griega a occidente. Era de una forma bastante simple: una sala rectangular a la que se accedía a través de un pequeño pórtico (pronaos) y cuatro columnas que sostenían un techo bastante similar al actual tejado a dos aguas. En los comienzos éste fue el esquema que marcó los cánones.

Del perfeccionamiento de esta forma básica se configuró el templo griego tal y como hoy lo conocemos. En sus comienzos, los materiales utilizados eran el adobe para los muros y la madera para las columnas. Pero a partir del siglo VII a.C. (período arcaico), éstos fueron reemplazados por la piedra, lo que permitió el agregado de una nueva hilera de columnas en el exterior (peristilo), y con lo que la construcción ganó en monumentalidad.

Entonces surgieron los primeros órdenes arquitectónicos: el "dórico", al sur, en las costas del Peloponeso y el "jónico", al este. Los templos dóricos eran más bien bajos y macizos. Las gruesas columnas carecían de base y el fuste era acanalado. El capitel, muy simple, terminaba en una moldura llamada equino. Las columnas sostenían un entablamiento (sistema de cornisas) compuesto por un arquitrabe (zona inferior) y un friso de tríglifos (decoración acanalada) y metopas.

Los ordenes arquitéctonicos griegos

La construcción jónica, de mayores dimensiones, descansaba sobre una doble hilera de columnas, algo más estilizadas, también de fuste acanalado y con un sólido basamento. El capitel culminaba en dos gráciles volutas y los frisos se hallaban decorados con relieves. Más adelante, en el período clásico ( siglos V y IV a. C. ), la arquitectura griega arribó a su máximo apogeo. A los dos órdenes ya conocidos se sumó el "corintio", con su típico capitel terminado en hojas de acanto.

El Partenón en la Acrópolis de Atenas
Erecteión en la Acrópolis de Atenas
Capitel Jónico del Templo de Artemisa
Columnas dóricas del Heraión de Olimpia
Restos del Templo de Apolo en Cirene
Templo de Júpiter Heliopditamo
Las formas se estilizaron aún más y se agregó una tercera hilera de columnas. El Partenón de Atenas es la más clara ilustración de este brillante período arquitectónico griego.

En tiempos de la dominación helénica (siglo III a. C.) la construcción, que conservó las formas básicas del clasicismo, alcanzó el punto máximo de la fastuosidad. Columnas de capiteles ricamente ornados sostenían frisos trabajados en relieve de una elegancia y factura insuperable.

GRECIA ANTIGUA






La civilización helénica de la Grecia antigua se extendió por la Península Balcánica, las islas del mar Egeo y las costas de la península de Anatolia, en la actual Turquía, constituyendo la llamada Hélade. La civilización helénica o griega tiene su origen en las culturas cretense y micénica.

Área de expansión cultural minoicaHacia el 2700 a.C. se desarrolló en la isla de Creta una rica y floreciente cultura comercial perteneciente a la Edad del Bronce. Esta cultura recibe el nombre de minoica o cretense. En torno al año 1600 a.C., los aqueos, un pueblo de habla griega y de origen indoeuropeo, irrumpieron en el territorio de la Grecia continental, estableciéndose en el extremo noreste de la península del Peloponeso. Este pueblo llegó a dominar a los cretenses. Su ciudad más importante fue Micenas.

Hacia el año 1200 a.C., otro pueblo de origen griego, los dorios, que utilizaban armas de hierro, se apoderaron de Grecia derrotando a los micenios. La guerra de Troya, descrita por Homero en la Iliada, fue, probablemente, uno de los conflictos bélicos que tuvieron relación con esta invasión. Esparta y Corinto se transformaron en las principales ciudades dóricas. Con los dorios empezó un período de retroceso cultural que se conoce con el nombre de Edad oscura.

Después de la conquista de los dorios, la vida en toda Grecia descendió a un nivel muy primitivo, y así se mantuvo durante varios cientos de años. Sin embargo, desde el siglo VIII y hasta el siglo VI a.C., período que se conoce como época arcaica, Grecia desarrolló y culminó una gran recuperación política, económica y cultural.Ligas de Atenas y Esparta

Tal recuperación fue posible gracias a la organización en ciudades Estado (polis) y a la fundación de colonias en las costas de Asia Menor y del mar Negro, en Sicilia, en el sur de Italia, en el sur de Francia y en el levante español.

Las nuevas colonias se convirtieron en polis políticamente independientes de la metrópoli (polis madre), pero mantuvieron estrechos vínculos religiosos, económicos y culturales. Estas colonias fueron uno de los factores del desarrollo económico de Grecia en este período.

Los siglos V y IV a.C. corresponden al apogeo de las grandes ciudades estado independientes, entre las que destacan las polis de Atenas y Esparta.

Cada uno de estos grandes estados absorbió a sus débiles vecinos en una liga o confederación dirigida bajo su control. Esparta, estado militarizado y aristocrático, estableció su poder a base de conquistas y gobernó sus estados súbditos con un control muy estricto. La unificación del Ática, por el contrario, se realizó de forma pacífica y de mutuo acuerdo bajo la dirección de Atenas.

PericlesAl principio del período, los griegos se unieron para derrotar a los temidos persas en las llamadas guerras médicas. Tras la victoria, Atenas se convirtió en la potencia hegemónica de la Liga de Delos, alianza que se había formado para defenderse de los persas. En política interior los atenienses consolidaron el sistema político conocido con el nombre de democracia, gobierno del pueblo, y en política exterior se convirtieron en la gran potencia político-militar de la Hélade, lo que les acarreó gran número enemigos. Este periodo es denominado como la 'Edad de Oro de Atenas', o 'Siglo de Pericles' en honor al gobernante que llevó a Atenas a su máximo esplendor.

Durante el mandato de Pericles se construyeron el Partenón, el Erecteion y otros grandes edificios. El teatro griego alcanzó su máxima expresión con las obras trágicas de autores como Esquilo, Sófocles y Eurípides, y el autor de comedias Aristófanes. Tucídides y Heródoto fueron famosos historiadores, y el filósofoSócrates fue otra figura de la Atenas de Pericles quien hizo de la ciudad un centro artístico y cultural sin rival.Filipo II de Macedonia

Las diferencias entre Atenas y Esparta desembocaron en la destructora guerra del Peloponeso, en la que participaron casi todos los griegos unidos a uno u otro bando. La guerra duró hasta el 404 a.C. y acabó con la derrota de los atenienses y el establecimiento de la hegemonía espartana sobre Grecia.

Alejandro MagnoAprovechando la confusión y debilidad de los contendientes en las Guerras del Peloponeso, el rey Filipo II de Macedonia convirtió su reino en la nueva potencia de la Hélade. Macedonia no estaba desgastada por las luchas y disponía de recursos naturales (cereales, oro y madera). La batalla de Queronea (338 a.C.) le permitió anexionarse Atenas y Tebas. Tras la muerte de Filipo II, su hijo Alejandro Magno, conquistó Persia y dirigió sus ejércitos hacia Egipto y la India, formando un gran imperio.

Tras su muerte en Babilonia (323 a.C.) sus generales se repartieron sus posesiones. Con Alejandro desaparecía el antiguo poder de los griegos, pero no su cultura que, fusionada con la oriental, dio origen al mundo helenístico.

http://thales.cica.es/rd

EL ARTE PREHISTORICO



Las manifestaciones artísticas de la prehistoria tienen su máxima representación en los llamados artes rupestre, mobiliario y megalítico.

El primero de ellos, el arte rupestre, recibe su nombre de las paredes rocosas de las cuevas y abrigos en los que se realizaban las pinturas. Estas pinturas representaban fundamentalmente animales y escenas de caza.

El arte rupestre está, sobre todo, representado en España y el sur de Francia. En España destacan las pinturas rupestres de las cuevas de Altamira y en Francia las de Lascaux.

En España podemos encontrar dos zonas de pintura rupestre diferenciadas: la zona cantábrica y la levantina.

En la primera, la cantábrica, las escenas representadas muestran únicamente animales con un alto nivel de realismo y la utilización de policromías. En la zona levantina, las pinturas son más estilizadas y representan escenas de caza en las que aparecen figuras humanas. En esta última zona las pinturas son monocromas.

Amplía la imagen
Amplía la imagen
Amplía la imagen
Bisonte Recostado - Cueva de Altamira (Cantabria - España)
Cazadores con sombreros planos y faldellín - Cinto de las Letras - (Dos Aguas - Valencia - España)
Segundo "Caballo Chino" (Lascaux - Francia)
El arte mobiliario o arte mueble (también llamado arte miniatura o arte portátil) consiste en figuras y objetos decorativos tallados en hueso, cuernos de animal o piedra o modelados toscamente en arcilla.

Estas figuras son pequeñas estatuillas antropomórficas y zoomorfas talladas en arcilla y piedra. Particular interés ofrecen unas características figuritas femeninas de pequeño tamaño talladas en piedra, denominadas genéricamente Venus. Estas estatuillas tienen una clara tendencia a la esquematización y un especial interés por resaltar los atributos sexuales. De entre las más de cincuenta figuras descubiertas destacan la Venus de Willendorf y la Venus de Savignano.

Amplía la imagen
Amplía la imagen
Amplía la imagen
Venus de Savignano - Museo Prehistórico Pigorini (Roma - Italia)
Venus de Willendorf - Museo de Historia Natural (Viena - Austria)
Caballo - Museo de las Antigüedades Nacionales (St. Germain-en-Laye - Francia)
Como arte megalítico se reconoce a los monumentos formados por piedras grandes y toscamente labradas, erguidas en solitario o combinadas para formar una estructura, levantadas bien con fines religiosos o bien como lugares de enterramiento o como monumentos conmemorativos de sucesos destacados. Los de Europa occidental pertenecen al neolítico y a la edad del bronce.

La Civilización Megalítica

Los principales tipos de monumentos megalíticos son:

  • El menhir: También llamado monolito es una gran piedra clavada verticalmente en el suelo
  • El dolmen: Se trata de un monumento formado por varios menhires sobre los que descansan horizontalmente otras grandes piedras. Muchos de estos dólmenes servían como cámara funeraria.
  • El crómlech: Círculos formados por varios dólmenes y menhires.
Amplía la imagen
Amplía la imagen
Amplía la imagen
Menhir de Filitosa (Córcega - Francia)
Vista interior del dolmen de la Menga - Antequera (Málaga - España)
Crómlech de Stonehenge (Wiltshire - Gran Bretaña)