domingo, 21 de junio de 2009

Flojo de muelles

Flojo de muelles




Cheche Dorta
domingo, 11 de noviembre de 2007
Decíase de la persona, varón o hembrita, que padecía de flatulencias o de descontrol de los esfínteres en tiempo y forma y que por el ruido y la furia dejaban una estela de olor y de color que no se lo deseo ni a mi mejor enemigo. Repito: ni a mi mejor enemigo.



Dicho lo cual, hay que explicar que esta frase entronca (...) con una época no muy lejana, después de la llegada del cilindro avasallador, que apareció aplastando todo tipo de piedras que hasta ese día habían aguantado los embates del cíclico pendular del reloj de la torre y sus campanas. ¡Ños¡ Y digo ños, porque resume como nada el asombro de la grey infantil que asistía al alumbramiento de las máquinas de guerra que conformaron un antes y un después.



La persona floja de muelles tenía su padecer porque cada cual tiene su cruz y este traumatismo amorosado, mostrábase en velatorios en forma de peos y gufes; en prisas por salir del recinto, a desahogar, mientras la parentela se disculpaba, entreteniendo al vecindario convidando a base de coñac a los hombres y anís a las mujeres. Pero no se puede olvidar la atmósfera que dejo para siempre lo que parecía ser, hasta ese preciso instante, una persona de respeto.

miércoles, 10 de junio de 2009

Fidias

(Atenas, h. 490 a.C.-?, 431 a.C.) Escultor griego. Fue el artista más famoso del mundo clásico, y el maestro que llevó la escultura a las cotas más altas de perfección y armonía. La biografía de Fidias nos es en su mayor parte desconocida. Apenas se sabe nada de su formación, si bien se cree que tenía experiencia como grabador, pintor y repujador. Vivió en la época de Pericles, estadista empeñado en hacer de la Acrópolis de Atenas un signo majestuoso de la grandeza de la ciudad, que se convirtió en el principal protector de Fidias, quien básicamente trabajó en y para Atenas.

Fidias sobresalió tanto en la escultura exenta como en el relieve. La primera obra que se conoce de él es la Atenea Lemnia, una estatua de la diosa destinada a la Acrópolis de Atenas, de la que se conservan dos copias parciales: un busto en el Museo Arqueológico de Bolonia y una figura casi completa en el Albertinum de Dresde.

En el 438 a.C. se consagró la Atenea Partenos, la obra que le significó la fama. La patrona de Atenas está representada en esta estatua de nueve metros de altura como una diosa guerrera, con escudo y casco, preparada para la defensa de la ciudad. La obra, perdida, se conoce a través de copias de tamaño mucho menor.

Además de la Atenea para el Partenón, Fidias realizó otra estatua criselefantina, ésta para el santuario de Olimpia: la efigie de Zeus, incluida por los antiguos entre las siete maravillas del mundo. Era una estatua sedente del dios, de doce metros de altura, que destilaba grandeza y majestuosidad; es conocida a través de reproducciones en monedas y joyas.


Relieves de Fidias en el Partenón

Pero lo que engrandeció el nombre del artista ya en su tiempo y ha mantenido inalterada su fama a través de los siglos son las esculturas del Partenón. Finalizada la construcción del templo, Fidias y su taller se ocuparon de la decoración escultórica, que incluía un friso en bajorrelieve de unos ciento sesenta metros de longitud, dos frontones decorados con figuras exentas y noventa y dos metopas en altorrelieve.

Si bien diseñó todo el conjunto, se cree que Fidias ejecutó una pequeñísima parte, pese a lo cual esta obra constituye una muestra indiscutible de su genio. Las piezas que se conservan se encuentran en su mayoría en el British Museum. Gozan de particular celebridad el grupo de las Tres Parcas y los fragmentos de la Procesión de las Panateneas, sobre todo el grupo de los dioses del Olimpo, donde es de admirar el magistral tratamiento de las telas, que se adhieren al cuerpo y dibujan sus contornos, una faceta creativa que ha contribuido decisivamente a la fama del arte fidíaco; también los caballos, poderosos y dinámicos, y sus fieros jinetes denotan la maestría del escultor

Cambises II

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Cambises II
, rey de Persia (529-522 a.C.), hijo de Ciro II el Grande, a quien sucedió. Para mantener el control sobre el Imperio persa, Cambises asesinó a su hermano menor, Smerdis (c. 523 a.C.). Después encabezó una expedición contra Egipto, único reino independiente que quedaba en Oriente Próximo tras la conquista de Asia por su padre. Cambises derrotó a Samético III, rey de Egipto, y tuvo éxito en su conquista hasta el sur, en Nubia, aunque falló en los posteriores ataques al oasis egipcio de Ammonium (actualmente Siwa) en sus campañas en Etiopía. Durante su ausencia de Egipto, un usurpador, Gaumata, afirmó ser Smerdis y tomó el trono de Persia. Ya que la muerte de Smerdis se había mantenido en secreto, se creyó la afirmación de Gaumata, y fue reconocido rey de Persia durante siete años aproximadamente. Cambises, de camino a Persia para castigar a Gaumata, murió por accidente (o quizás se suicidó). Según el historiador griego Heródoto, Cambises II era un déspota inhumano y disoluto, inclinado a la furia, y cometía actos sacrílegos y crueles.

EL REY FILIPO II

EL REY FILIPO II





Arquelao murió asesinado en el año 399 a. J. C., el mismo de la condena de Sócrates, y a su muerte se abrió un período oscuro, de agitación e inseguridad que duró cuarenta años, hasta el advenimiento al trono de Filipo II, el auténtico creador de la grandeza de Macedonia. Filipo II nació, al parecer, en 382 a J.C., y gobernó Macedonia a la muerte de su hermano, en 360 a. J. C., primero como regente de su sobrino Amintas, y más tarde como rey.
Había pasado su juventud en Atenas y en Tebas, como rehén de guerra, y así había tenido ocasión de captar la grandeza de la civilización clásica helénica. En Tebas, además había conocido la estrategia de Epanimondas y se había convencido de la necesidad de forjar un fuerte instrumento militar para llevar a efecto la gran idea política que había concebido: la unificación de todas las “poleis” griegas, debilitadas por la guerra civil y amenazadas constantemente por el imperialismo persa. Después de esta unificación, llegaría el momento de presentarse como paladín de la idea griega y de vengar sobre los persas las injurias recibidas de aquel pueblo “bárbaro”.
Filipo II estaba casado con Olimpia, mujer de carácter sombrío y vengativo, con un matiz de crueldad que fue heredado por su hijo Alejandro, como habrá ocasión de comprobar más adelante.
Cuando Filipo regresó a Pella, y se hizo cargo del gobierno, dedicó todos sus afanes a la formación de un ejército. Hasta entonces las fuerzas militares de los macedonios se basaban principalmente en la caballería integrada por jóvenes de la clase noble. Filipo añadió a esta arma una potente infantería formada por campesinos a los que consideró, en el campo de batalla, igual que a los nobles.
Es famosa en la Historia la unidad por él creada que fue la base de su ejército: la Falange macedonia, constituida por 4096 hombres distribuidos en 16 filas de 256 guerreros cada una. Llevaban estos “hoplitas” una coraza o armadura como protección, y como armas ofensivas una espada corta y una lanza que medía más de seis metros de longitud. Las cinco primeras filas empuñaban esta formidable pértiga con las dos manos, pasando aquélla entre los cuerpos de los infantes.
Los soldados que se encontraban más atrás apoyaban la lanza en sus hombros, dispuestos a bajarla en el caso de que cayeran los infantes que se encontraban en los primeros lugares. Aquel nuevo cuerpo de ejército carecía de movilidad y de agilidad de maniobra puesto que sólo combatía de frente, actuando como un tanque erizado de puntas que no podía dar la vuelta y sólo era temible en una dirección.
Filipo, justo es reconocerlo, completó aquellas formaciones con dos cuerpos de caballería. Los “hispaspistas”, que eran caballería ligera, estaban encargados de hostigar a los enemigos iniciando el combate, escalando colinas, apoderándose de los atrincheramientos y combatiendo con preferencia los flancos. Cuando se consideraba que el enemigo se encontraba bastante desmoralizado, avanzaban las lanzas. Si el enemigo aún ofrecía resistencia, entraban en combate los “heterios”, nobles fieles amigos del rey, que constituían la caballería pesada, famosa por sus cargas al galope. Además de estas formaciones, Filipo contaba con varios cuerpos de tropas mercenarias, ligeras, que flanqueaban las falanges, y de algunas máquinas de guerra destinadas a sitiar fortalezas y abatir murallas.
El servicio militar en Macedonia era obligatorio para todos, lo que confirió a este país una evidente superioridad sobre las agotadas “poleis” griegas, castigadas por la larga guerra civil, después de haberlo sido ya por las Guerras Médicas. Pero el ansia de poder de Filipo necesitaba todavía de dos elementos importantes: en primer lugar, dinero, siempre el nervio de la guerra, y después el dominio del mar para poder abatir la innegable superioridad de Atenas en este medio. Para conseguir lo primero, emprendió Filipo unas campañas contra los bárbaros del Norte de su reino -ilirios y escitas- que vivían en comarcas ricas en oro, al tiempo que cortaba la ruta comercial que seguían los griegos para enlazar con sus colonias de las costas de los Dardanelos y del mar Negro.
La democracia ateniense se hallaba, como siempre, dividida. Existía un partido panhelénico, dirigido por Isócrates, que vivió entre los años 436-338 antes de Jesucristo, y que defendía la unión de todas las “poleis” bajo el mando de Filipo, tal vez pagado por él como aseguraban sus enemigos. Éstos formaban el partido patriótico, y su jefe fue Demóstenes (384-322 a. J.C.), que atacaba a Filipo presentándolo como un bárbaro ambicioso, cuyo objetivo consistía en la opresión de todos los pueblos griegos.



Filipo comenzó la campaña apoderándose de Anfípolis -protegida por Atenas, aunque entonces no fue defendida- y de las minas de oro cercanas a la misma, tras lo cual cayeron en su poder los puertos de Pydna y Potidea, en la península Calcídica, con lo que tuvo las bases navales precisas para rivalizar con la potencia marítima ateniense. Siguió a continuación la conquista del monte Pangeo, rico en minas de plata, y fortificó allí una antigua ciudad llamada Crénides que fue bautizada con su propio nombre: Filipos. Con aquellas conquistas previas, Macedonia se convirtió en el país más rico de Grecia y Filipo, utilizando hábilmente y de modo alternativo el dinero y la fuerza, fue atrayéndose a su causa a gran número de ciudades, atemorizadas ante su poder. En 358 a. J. C. comenzó en realidad la guerra contra Atenas, que duró veinte años, con algunas pausas de tregua. A estas guerras se las denomina también “sagradas”, porque el pretexto para las mismas fue el deseo de varios países de controlar los cuantiosos tesoros del templo de Apolo en Delfos y de dirigir la Anficcionía, guardadora también de considerable cantidad de dinero.

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domingo, 7 de junio de 2009

Eurípides

(Salamina, actual Grecia, 480 a.C.-Pella, hoy desaparecida, actual Grecia, 406 a.C.) Poeta trágico griego. De familia humilde, Eurípides tuvo como maestros a Anaxágoras, a los sofistas Protágoras y Pródicos y a Sócrates, cuyas enseñanzas se reflejan en su obra.

En el 455 a.C. Eurípides presentó a concurso su primera tragedia, Los Pelíadas, con la que obtuvo el tercer puesto. Seguirían 92 obras más, de las cuales se han conservado diecisiete tragedias, que, sin embargo, poca fama y reconocimiento le aportaron en vida: sólo obtuvo cuatro victorias en los festivales anuales que se celebraban en Atenas, por lo que hacia el final de su vida decidió trasladarse a Macedonia para incorporarse a la corte del rey Arquelao (408 a.C.), donde según la leyenda fue devorado por unos perros.


Eurípides

Las obras de Eurípides representan un cambio de concepción del género trágico, de acuerdo con las nuevas ideas que había aprendido de los sofistas; así, su escepticismo frente a las creencias míticas y religiosas es manifiesto en sus obras, que rebajan el tono heroico y espiritual que habían cultivado Esquilo y Sófocles a un tratamiento más cercano al hombre y la realidad corrientes.

Esquilo

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/e/fotos/esquilo.jpg(Eleusis, actual Grecia, 525 a.C.-Gela, Sicilia, 456 a.C.) Trágico griego. Esquilo vivió en un período de grandeza para Atenas, tras las victorias contra los persas en las batallas de Maratón y Salamina, en las que participó directamente. Tras su primer éxito, Los persas (472 a.C.), Esquilo realizó un viaje a Sicilia, llamado a la corte de Hierón, adonde volvería unos años más tarde para instalarse definitivamente.

De las noventa obras que escribió Esquilo, sólo se han conservado completas siete, entre ellas una trilogía, la Orestíada (Agamenón, Las coéforas y Las Euménides, 478 a.C.). Se considera a Esquilo el fundador del género de la tragedia griega, a partir de la lírica coral, al introducir un segundo actor en escena, lo cual permitió independizar el diálogo del coro, aparte de otras innovaciones en la escenografía y la técnica teatral.

Esquilo llevó a escena los grandes ciclos mitológicos de la historia de Grecia, a través de los cuales reflejó la sumisión del hombre a un destino superior incluso a la voluntad divina, una fatalidad eterna (moira) que rige la naturaleza y contra la cual los actos individuales son estériles, puro orgullo (hybris, desmesura) abocado al necesario castigo. En sus obras, el héroe trágico, que no se encuentra envuelto en grandes acciones, aparece en el centro de este orden cósmico; el valor simbólico pasa a primer término, frente al tratamiento psicológico.

EL ARTE GRIEGO

El Arte Griego marca un referente para la civilización occidental que perdurará hasta nuestros días. Los modelos griegos de la antigüedad son tenidos como clásicos y los cánones escultóricos y los estilos arquitectónicos han sido recreados una y otra vez a lo largo de la historia de Occidente.

    PINTURA
Para hablar de la pintura griega es necesario hacer referencia a la cerámica, ya que precisamente en la decoración de ánforas, platos y vasijas,cuya comercialización era un negocio muy productivo en la antigua Grecia, fue donde pudo desarrollarse este arte.

Al comienzo los diseños eran elementales formas geométricas -de ahí la denominación de geométrico que recibe este primer período ( siglos IX y VIII a. C. )- que apenas se destacaban sobre la superficie.

Edipo interrogado por la Esfinge
Ánfora ática, decorada con Heracles y el toro Minos
Aquiles y Ayax jugando a los dados
Copa Ática decorada con Atletas
Corredores durante los Juegos Panatenaicos
Crátera con una escena de preparación de un espectaculo teatral
Con el correr del tiempo, éstas se fueron enriqueciendo progresivamente hasta cobrar volumen. Aparecieron, entonces, los primeros dibujos de plantas y animales enmarcados por guardas denominadas "meandros". En un próximo paso, ya en el período arcaico ( siglos VII y VI a. C. ), se incluyó la figura humana, de un grafismo muy estilizado. En medio de las nuevas tendencias naturalistas, ésta cobró mayor importancia al servicio de la representaciones mitológicas.

Las escenas se organizaron en franjas horizontales paralelas que permitían su lectura girando la pieza de cerámica. Con el reemplazo del punzón por el pincel los trazados se volvieron más exactos y detallistas. Las piezas de cerámica pintadas comienzan a experimentar una notable decadencia durante el clasicismo (siglos IV y V a. C.) para resurgir triunfantes en el períodohelenístico (siglo III), totalmente renovadas, plenas de color y ricamente decoradas.

  • ESCULTURA
Las primeras esculturas griegas (siglo IX a. C.) fueron pequeñas figuras humanas hechas en materiales muy maleables tales como la arcilla, el marfil o la cera. No fue hasta el período arcaico (siglos VII y VI a. C.)que los griegos comenzaron a trabajar la piedra. Los motivos más comunes de las primeras obras eran sencillas estatuas de muchachos (kouros) y muchachas (korés). De formas lisas y redondeadas, estas figuras plasmaban en la piedra una belleza ideal.

Estas figuras guardaban una gran similitud con las esculturas egipcias que habían servido de modelo. Con la llegada del clasicismo ( siglos V y IV a. C. ), la estatuaria griega fue tomando un carácter propio y abandonó definitivamente los primitivos patrones orientales. Gracias al estudio de las proporciones se pudo copiar fielmente la anatomía humana y los rostros ganaron definitivamente en expresividad y realismo.

Discóbolo de Mirón
Hermes sosteniendo a Dionisos niño
Laocoonte y sus hijos
Tales de Mileto
Venus de Milo
Victoria de Samotracia
Se introdujo el concepto de "contrapposto", posición por la cual la escultura se apoyaba totalmente sobre una pierna, dejando la otra libre, y el principio del dinamismo cobró forma en las representaciones de atletas en plena acción. Algunos de los grandes artistas del clasicismo fueron Policleto, Mirón, Praxíteles y Fidias, aunque tampoco se puede dejar de mencionar a Lisipo, que intentando plasmar las verdaderas facciones del rostro, logró los primeros retratos.

Durante el período helenístico (siglo III a. C.) se enfatizaron y sofisticaron las formas heredadas del clasicismo. Así, producto de esta recepción, surgieron obras de inigualable monumentalidad y belleza, como "El coloso de Rodas", de treinta y dos metros de altura. Cabe aclarar, que tanto por su función religiosa como decorativa, la escultura se hallaba estrechamente ligada a la arquitectura. Así lo evidencian los trabajos estatuarios de las fachadas, columnas e interior de los templos.

  • ARQUITECTURA
El templo fue, sin lugar a dudas, uno de los legados más importantes de la arquitectura griega a occidente. Era de una forma bastante simple: una sala rectangular a la que se accedía a través de un pequeño pórtico (pronaos) y cuatro columnas que sostenían un techo bastante similar al actual tejado a dos aguas. En los comienzos éste fue el esquema que marcó los cánones.

Del perfeccionamiento de esta forma básica se configuró el templo griego tal y como hoy lo conocemos. En sus comienzos, los materiales utilizados eran el adobe para los muros y la madera para las columnas. Pero a partir del siglo VII a.C. (período arcaico), éstos fueron reemplazados por la piedra, lo que permitió el agregado de una nueva hilera de columnas en el exterior (peristilo), y con lo que la construcción ganó en monumentalidad.

Entonces surgieron los primeros órdenes arquitectónicos: el "dórico", al sur, en las costas del Peloponeso y el "jónico", al este. Los templos dóricos eran más bien bajos y macizos. Las gruesas columnas carecían de base y el fuste era acanalado. El capitel, muy simple, terminaba en una moldura llamada equino. Las columnas sostenían un entablamiento (sistema de cornisas) compuesto por un arquitrabe (zona inferior) y un friso de tríglifos (decoración acanalada) y metopas.

Los ordenes arquitéctonicos griegos

La construcción jónica, de mayores dimensiones, descansaba sobre una doble hilera de columnas, algo más estilizadas, también de fuste acanalado y con un sólido basamento. El capitel culminaba en dos gráciles volutas y los frisos se hallaban decorados con relieves. Más adelante, en el período clásico ( siglos V y IV a. C. ), la arquitectura griega arribó a su máximo apogeo. A los dos órdenes ya conocidos se sumó el "corintio", con su típico capitel terminado en hojas de acanto.

El Partenón en la Acrópolis de Atenas
Erecteión en la Acrópolis de Atenas
Capitel Jónico del Templo de Artemisa
Columnas dóricas del Heraión de Olimpia
Restos del Templo de Apolo en Cirene
Templo de Júpiter Heliopditamo
Las formas se estilizaron aún más y se agregó una tercera hilera de columnas. El Partenón de Atenas es la más clara ilustración de este brillante período arquitectónico griego.

En tiempos de la dominación helénica (siglo III a. C.) la construcción, que conservó las formas básicas del clasicismo, alcanzó el punto máximo de la fastuosidad. Columnas de capiteles ricamente ornados sostenían frisos trabajados en relieve de una elegancia y factura insuperable.