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sábado, 10 de noviembre de 2012

Princesa Cathaysa

Princesa Cathaysa


Cathaysa, niña guanche de 7 años originaria de Taganana (en Santa Cruz de Tenerife) que fue tomada cautiva en ese lugar junto a otras cuatro jóvenes (Cathayta, Inopona, Cherohisa e Ithaisa). Fue vendida como esclava con sus compañeras en Valencia, en abril de 1494. Se cree que después de esto pasó el resto de su vida en algún lugar de España ejerciendo de menina de alguna mujer de la alta sociedad española.

Un guiense en Las Cortes de Cádiz-1812

Un guiense en Las Cortes de Cádiz-1812
ImagePor primera vez en España, las Cortes de Cádiz de 1812 debatieron acerca de la posible abolición de la esclavitud.
El guiense Pedro Gordillo y Ramos presidía las Cortes Constituyentes.
Ante la invasión napoleónica, en cada provincia se creó una Junta, que desoyó toda conminación de otras autoridades españolas, a disolverse o a ponerse bajo sus ordenes. Soberanamente decidieron la elección y el envío de diputados a las Cortes de Cádiz.
Estas asumieron el gobierno de España, la lucha contra Napoleón y la elaboración de la Constitución de 1812. Estuvieron presididas por el guiense José Gordillo Ramos, conocido como el canónigo Gordillo. Fueron disueltas por Fernando VII.
La creación de Juntas ciudadanas y provinciales, y su disolución por el poder central, fue un ejemplo que se repitió durante el siglo XIX en cuatro ocasiones, lo que explica que finalmente, quienes de forma más radical creían que la soberanía estaba en el pueblo, representado por estas Juntas, culminasen sus ideas durante la Primera República intentando poner en pie una constitución que consideraba que la nación española y su gobierno nacían del derecho de autodeterminación de los llamados estados (o según otros, cantones) en que estaba dividida la República Federal Española.
La Constitución de 1812 dice:
Artículo. 5.- Son españoles.
rimero.- Todos los hombres libres nacidos y avecinados en los dominios de las Españas; y los hijos de éstos
........
uarto.- Los libertos desde que adquieran la libertad en las Españas.
Pero en lo que atañe a estos últimos en el Capítulo IV, al definir quienes además de ser españoles son "ciudadanos españoles" (es decir, españoles con plenitud de derechos), se exigen varios requisitos, si se es de origen africano, entre ellos no ser liberto, es decir, ser hijo de padres libres ("ingenuos").
Artículo 22: A los españoles que por cualquiera línea son habidos y reputados por originarios del Africa, les queda abierta la puerta de la virtud y del merecimiento para ser ciudadanos: en su consecuencia las Cortes concederán carta de ciudadano a los que hicieren servicios calificados a la Patria, o a los que se distingan por su talento, aplicación y conducta, con la condición de que sean hijos de legítimo matrimonio de padres ingenuos; de que estén casados con mujer ingenua, y avecindados en los dominios de las Españas, y de que ejerzan alguna profesión, oficio o industria útil con un capital propio.
Merece la pena señalar también que según el Artículo. 25.3 el ejercicio de los derechos de ciudadano español se suspenden "Por el estado de sirviente doméstico", sin que intervenga el origen racial en este hecho.
A pesar de estos "resultados", en estas Cortes hubieron diputados abolicionistas como Isidoro de Antillón, José Miguel Guridi Alcocer y Agustín Argüelles.
El 2 de abril de 1811 hubo un gran debate en las Cortes sobre la esclavitud. Pocos días antes, el 26 de marzo de 1811, el diputado de Tlaxcala (Méjico) Jose Miguel Guridi Alcocer presentó una propuesta que incluía la abolición inmediata de la trata y un plan gradual de abolición de la esclavitud que preveía que los hijos de los esclavos fuesen libres y que suavizaba la condición del esclavo mediante el cobro de un salario con el que podían comprar su libertad. El proyecto fue envíado a la Comisión de la Constitución, sin ser tratado por el pleno.
En cambio si fue admitida a discusión, produciéndose un gran debate, las propuestas de abolición de la tortura y del tráfico de esclavos que presentó el 2 de abril el diputado Agustín Argüelles. A José Miguel Guridi Alcocer se le quiso aclarar porque no había sido tratada su proposición en el pleno, con las siguientes palabras del diputado Sr. Mejía: "Las proposiciones del Sr. Alcocer han pasado à esta comisión, porque encierran un caso distinto, cual es el abolir la esclavitud, negocio que requiere mucha meditación, pulso y tino".
La propuesta de Argüelles en cambio tuvo una mejor acogida, pues por un lado, en aquellos momentos el gran aliado de España, la Gran Bretaña, estaba proponiendo a todos los países que suscribiesen un acuerdo de prohibición de la trata de esclavos y por otro lado, se trataba de una prohibición que al no liberar a los actuales esclavos, no iba en contra del respeto a la propiedad privada. Esta importante matización volvió a quedar en evidencia durante el debate, cuando en respuesta al diputado García Herreros que pedía "que se declare que no sean esclavos los hijos de esclavos, porque de lo contrario se perpetúa la esclavitud aunque se prohiba este comercio". Le replicó de inmediato, el diputado Sr. Gallego diciendo: "Esto trae otros inconvenientes, porque al cabo es una propiedad agena, que está autorizada por las leyes".
Contra estas voces abolicionistas, el Ayuntamiento de la Habana hizo llegar el 10 de julio de 1811 un memorándum en el que se oponía a la abolición diciendo que los esclavos estaban en Cuba "no por nuestra culpa", sino por la del padre Bartolomé de las Casas que dos siglos antes, para proteger a los indios, había propuesto importar esclavos negros. Ahora, según el escrito, debía de aceptarse que la economía de Cuba se basaba en el trabajo esclavo.
El diputado de las Cortes Isidoro de Antillón ya había demostrado su abolicionismo unos años antes, cuando el 2 de abril de 1802, pronunció una conferencia en la Academia Matritense de Derecho Español y Público, en favor de la prohibición de la trata de esclavos y de la abolición gradual de la esclavitud. En 1811 le dió forma de publicación, con el título "Disertación sobre el origen de la esclavitud de los negros, motivos que la han perpetuado, ventajas que se le atribuyen y medios que podrían adoptarse para hacer prosperar sin ellos nuestras colonias". Además le añadió al final unas "Notas de 1811" en las que se reproduce y se da apoyo a la propuesta de abolición del comercio de esclavos presentada a las Cortes por el diputado Agustín de Argüelles, así como a la propuesta presentada en el mismo debate por el diputado García Herreros pidiendo la libertad para los hijos que tuviesen las esclavas.
Como señala Antillón, las ideas de prohibición de la trata y de abolición gradual de la esclavitud, cuando las expuso en 1802, eran una arriesgada novedad, pues como dice en el preámbulo de la transcripción de la citada conferencia: "en una corte donde reinaba el más absoluto y más incensado despotismo, en donde se premiaba el espionage y la delación como las acciones heroicas se premian en una república, en donde todas las corporaciones de más autoridad, todos los agentes del gobierno tenían declarada la guerra à la razón y proscrito al filósofo que osase invocarla, hubo ¿quien lo creyera? un congreso de jóvenes honrados, que arrostrando las cárceles, los destierros y toda la indignación del favorito y de los ministros discutían libremente cuestiones muy delicadas de moral y de política, raciocinaban sobre la libertad del ciudadano y sobre la constitución de las sociedades...". Prosigue Antillón: "No creía yo, ni esperaba cuando en el año 1802 leí en la Academia de Santa Bárbara mi discurso sobre la esclavitud de los negros, que en España nueve años después llegaría á reconocerse y proclamarse la soberanía del pueblo, origen fecundo de todos los derechos del hombre en sociedad...¿Que contraste entre los sublimes y patrióticos discursos pronunciados en las córtes..... y las hediondas arengas de prostitución y servilidad que formaban toda la elocuencia de los cortesanos de Cárlos IV!
El mes de agosto de 1813 fue muy dramático para Isidoro de Antillón. La expulsión de España de los ejércitos de Napoleón ya había empezado a dar esperanzas a los nostálgicos del absolutismo.
El 9 de Agosto, Antillón intervino eficazmente oponiéndose con un largo discurso a las propuestas en favor de un rápido traslado de las Cortes a Madrid o Sevilla, y el abandono de Cádiz en donde los partidarios de la Constitución eran fuertes. El día 13 aprovechó el debate de la petición de los procuradores y ciudadanos de Trujillo (Perú) en favor de "abolir por ley fundamental la que ordena la infamante pena de azotes y cárcel al indio que no asiste en su parroquia á la doctrina" para formalizar una proposición de sentido más amplio, en la que se pedía: "Que en el plan de instrucción pública que aprueben las Córtes, se tenga presente la necesidad de abolir el castigo de azotes en las enseñanzas públicas como indigno de los ciudadanos españoles, y por la misma razón la pena de azotes quede abolida en el Código criminal de la Monarquía". Una vez aprobada esta proposición por las Cortes, prosiguió el debate y Antillón se opuso a quienes proponían una anticipada disolución de las Cortes, dejando en su lugar a la Diputación General con el encargo de preparar una nueva elección de diputados.
A los pocos días Antillón fue agredido por tres asesinos en la calle, al salir de las Cortes, y dejado por muerto. A consecuencia de las heridas murió al año siguiente en su población natal (Santa Eulalia), cuando era conducido a Zaragoza para ser ejecutado, víctima de la represión que en 1814 desencadenó Fernando VII contra quienes se habían distinguido como liberales en las Juntas ciudadanas de defensa contra los invasores franceses y en las Cortes de Cádiz, cuya Constitución fue abolida el 4 de mayo de 1814.
Personalidades abolicionistas como Argüelles o el escritor José María Blanco White solo se salvaron exiliándose.
En 1820 el general Riego sublevó a las fuerzas que debían zarpar para reprimir a los independentistas americanos y dio un golpe de estado, que con el apoyo de las Juntas que se crearon en muchos puntos del país, restableció la Constitución de 1812.
Una de las iniciativas que aquellas restablecidas Cortes querían impulsar, era penalizar el incumplimiento del tratado de 1817 de prohibición de la trata de esclavos que Fernando VII firmó con Inglaterra, sin gran voluntad de cumplirlo, a cambio de 400.000 libras. Los tres diputados cubanos tenían instrucciones de oponerse a ello, pero uno de ellos, el diputado de Cuba Félix Varela, no respetó esta directriz y presentó un plan de prohibición inmediata de la trata y, con el persuasivo argumento de que con la esclavitud siempre existiría el peligro de que los esclavos se rebelasen, propuso un plan gradual de abolición de la esclavitud en un máximo de quince años. Felix Varela era un sacerdote y el historiador Hugh Tomas explica en su obra "La Trata de esclavos" que los esclavistas cubanos le quisieron oponer otro diputado y sacerdote cubano, fray Juan Bernardo O'Gaban, el cual escribió un opúsculo contra Varela titulado "Observaciones sobre la suerte de los negros", en el que se insistía que la trata suponía un medio de civilizar a los africanos, y que si entendían realmente el humanitarismo, los sabios legisladores obligarían a los africanos a trabajar y apoyarían su traslado hacia América, en lugar de oponerse a ello.
El debate de las propuestas de Varela no prosperó pues en 1823 España fue invadida por los Cien mil hijos de San Luis, enviados por la Santa Alianza para restablecer el absolutismo y dar inicio a la llamada "década ominosa" de sangrienta represión contra los liberales. Incluso en 1823 fuerzas realistas desenterraron y quemaron el cadáver de Isidoro de Antillón, aventando sus cenizas.
La represión no se atenuó hasta que el rey tuvo que combatir a un sector absolutista "ultra" alzado en armas: los llamados "descontentos", conglomerado que unía por un lado a quienes temían por sus privilegios o por una desamortización de sus tierras y bienes, como en el caso de la Iglesia, y que veían en cualquier medida modernizadora -como la de que España tuviese un Presupuesto- una amenaza al atentar o limitar en cierta forma el poder o capricho real. Por otro lado, se les sumaban campesinos empobrecidos en regiones como el interior de Cataluña, a quienes la propaganda de los primeros había convencido que el culpable de sus males era el gobierno absolutista moderado al que acusaban de liberal y de alejado de la Iglesia.
Esta amalgama "ultra" al morir Fernando VII, fue el origen del "Carlismo", partido defensor de las pretensiones de Don Carlos, hermano de Fernando VII. A lo largo del siglo XIX estuvo en la raíz de tres guerras civiles en España. El carácter secundario del problema dinástico lo corrobora el que este tipo de defensa del absolutismo "ultra" no fue exclusivo de España. También en Portugal tuvieron una guerra civil contra los Miguelistas, partidarios del pretendiente Miguel de Braganza que aglutinaba fuerzas parecidas.

viernes, 12 de octubre de 2012

Pío XII

Pío XII
(Eugenio Pacelli; Roma, 1876 - Castel Gandolfo, 1958) Papa romano (1939-1958). Hijo del abogado Filippo Pacelli, estudió Filosofía en la Universidad Gregoriana, se licenció en Teología e "in utroque iure" (leyes tanto civiles como eclesiásticas) por el Ateneo Pontificio del Seminario Romano, y fue ordenado sacerdote el 2 de abril de 1899. Sirvió en la Secretaría de Estado vaticana, en la sección de Asuntos Extraordinarios, llegando a ser subsecretario (1911), y luego secretario (1914). Impartió clases de Derecho Canónico en el Ateneo del Seminario Romano y en la Academia de los eclesiásticos de origen noble.

Pío XII
Por esa época escribió el estudio jurídico La personalità e la territorialità delle leggi specialmente nel diritto canonico (La personalidad y la territorialidad de las leyes especialmente en el derecho canónico). En 1914 fue nombrado nuncio papal en Baviera y, posteriormente, fue elevado a la dignidad arzobispal en la sede de Sardi. En 1920 fue nombrado primer nuncio en Berlín. Estipuló concordatos con Baviera (1925), Prusia (1929) y Baden (1932). Nombrado cardenal en 1929, sucedió al cardenal P. Gasparri al frente de la Secretaría de Estado vaticana bajo el pontificado de Pío XI.
A la muerte de este último, fue elegido Papa en el cónclave del 2 de marzo de 1939. El mismo año advirtió a las potencias mundiales del peligro de un conflicto, en diversas notas y alocuciones, y promulgó su primera encíclica Summi pontificatus (20 de octubre de 1939), de carácter programático, en la que también incide en la necesidad de una convivencia pacífica entre los pueblos.
Intentó alejar a Italia de la Segunda Guerra Mundial con una visita a Vittorio Emanuele III en el Quirinal (28 de diciembre de 1939), y una carta de puño y letra a Mussolini. Intentó mediante protestas, llamamientos y notas diplomáticas mejorar la situación de la Iglesia en Alemania, objeto de constantes ataques por parte del Tercer Reich, aunque sin mucho éxito. Al mismo tiempo, el Santo Oficio condenó diversas doctrinas y prácticas del nacionalsocialismo alemán, como la eutanasia (2 de diciembre de 1940) y la esterilización de seres humanos (23 de febrero de 1941).
Organizó una Secretaría de Información, adjunta a la Secretaría de Estado, dedicada a proporcionar información sobre prisioneros y desaparecidos de guerra, que llegó a atender más de diez millones de solicitudes. Luchó por conseguir que se declarase a Roma "città aperta" ("ciudad abierta") y, aunque no pudo evitar los bombardeos, sí consiguió que la ciudad no se convirtiese en campo de batalla, y por ello fue aclamado por una inmensa multitud en San Pedro como "defensor civitatis" (Defensor de la ciudad), el 5 de junio de 1944. Organizó así mismo una Comisión Pontificia de Asistencia para aliviar los sufrimientos de la guerra y llevar a cabo diversas acciones asistenciales y caritativas.
En relación con la Rusia soviética, Pío XII había señalado ya en su correspondencia con F. D. Roosevelt el peligro que la Iglesia veía en su expansión, y había combatido su ideología (mensaje radiofónico de cumpleaños de 1942) y su acción expansionista en otros países. Tras la guerra, el Santo Oficio condenó el comunismo marxista (1 de julio de 1949) y amenazó de excomunión a sus seguidores. En la misma línea acorde con los tiempos (aún lejano el Concilio Vaticano II), Pío XII insistió en el deber de los cristianos de dar su voto a personas de segura fe católica (discurso del 10 de marzo de 1950).

En el terreno dogmático, Pío XII afrontó muy diversas e importantes cuestiones teológicas: el debate secular acerca de la esencia del sacramento de la ordenación, en la constitución apostólica Sacramentum ordinis; condena de ciertas desviaciones teológicas y filosóficas respecto a la doctrina católica en la encíclica Humani generis (12 de agosto de 1950); definición "ex cathedra" del dogma de la Asunción de María en la encíclica Munificentissimus Deus, y rechazo de algunas modernas interpretaciones del misterio de la encarnación en la encíclica Sempiternus Rex.
Otras encíclicas importantes promulgadas durante su pontificado fueron: la Mystici Corporis Christi (del 20 de junio de 1943), sobre el carácter de la Iglesia como Cuerpo de Cristo; la Divino afflante Spiritu (del 30 de setiembre de 1943), sobre los estudios bíblicos; la Mediator Dei et hominum (20 de noviembre de 1947), sobre la liturgia y el culto divino; la Menti nostre (23 de setiembre de 1950), sobre la santificación del clero; la Evangelii praecones (2 de junio de 1951), sobre la actividad misionera; la Sacra virginitas (25 de marzo de 1954), acerca de la virginidad y la vida dedicada a Dios; la Musicae sacrae disciplina (25 de diciembre de 1955), acerca de la música sacra, su función y ejecución; la Haurietis aquas (15 de mayo de 1956), sobre la devoción al Sagrado Corazón; la Fidei donum (21 de abril de 1957), acerca de las misiones, especialmente en África, y la Miranda prorsus (8 de setiembre de 1957), acerca del cine, la radio y la televisión.
En el terreno de las ciencias y de la cultura, Pío XII promovió la traducción del Salterio a partir de los textos originales, y excavaciones arqueológicas en busca del sepulcro de San Pedro en Roma. Tuvo este pontífice un particular interés por las cuestiones morales y relativas al matrimonio, la familia y la educación de los hijos, a las que dedicó numerosos discursos.
En el aspecto social, Pío XII reafirmó las posiciones de sus antecesores en diversas controversias: deber y derecho al trabajo (mensaje radiofónico de cumpleaños de 1941); humanización de las relaciones entre trabajadores y empresarios, aunque sin llegar a admitir el derecho a la huelga; afirmación de la propiedad privada como base del edificio social (mensaje radiofónico del 1.º de setiembre de 1944), con la apostilla de la exigencia de extender la propiedad a todos (mensaje de cumpleaños de 1942), y el rechazo de la revolución como vía de reforma (discurso del 13 de junio de 1943).
Toda su enorme actividad doctrinal, su poderosa personalidad, y las duras circunstancias históricas de su pontificado, hicieron de Pío XII el último gran pontífice de la "vieja escuela", casi un verdadero monarca espiritual, sobre cuya figura no han cesado de verterse críticas (en especial respecto a sus relaciones con las dictaduras nazi y mussoliniana, demasiado contemporizadoras, según algunos, así como sobre su talante claramente reaccionario en materia ideológica), y alabanzas (por parte de sectores más conservadores). Cabe mencionar la recopilación de su obra publicada en Escritos y discursos.

Biografía de María Cristina de Borbón-Dos Sicilias (1833-1840)

Biografía de María Cristina de Borbón-Dos Sicilias (1833-1840)

Reina consorte, reina gobernadora y reina madre
Palermo, 27 de abril de 1806 - Sainte-Adresse (Le Havre), 22 de agosto de 1878
María Ángeles Casado Sánchez

Monumento dedicado a María Cristina de Borbón en Madrid, en 1893, en la confluencia de las calles Felipe IV y Moreto.
Bronce de Mariano Benlliure sobre pedestal del arquitecto Miguel Aguado
La reina María Cristina de Borbón, última de las cuatro esposas del rey Fernando VII, tuvo un especial protagonismo en el tiempo del afianzamiento del régimen liberal y del difícil y lento cambio de las viejas estructuras del Antiguo Régimen en España, cambios que la Corte se resistió a asumir. Al iniciar sus responsabilidades de gobierno, durante la minoría de edad de su hija Isabel II, María Cristina se halló ante un ambiente político muy crispado, en el que las distintas fuerzas (liberales, divididos entre moderados y progresistas, carlistas, etc.) mantuvieron duros enfrentamientos entre sí, alcanzando cotas de crueldad difícilmente igualables en la primera guerra carlista. Por su parte, las potencias absolutistas europeas, en particular la Santa Sede, Austria, Prusia y Rusia, se negaron a reconocer a Isabel II como reina de España y a su madre, como reina gobernadora en la minoría de edad de la reina niña. En ese periodo, se pusieron en marcha una serie de medidas revolucionarias que, en buena medida, despojaron de su poder a la Iglesia española, la cual las rechazó con el apoyo de Roma. No fue un tiempo fácil, pero tampoco María Cristina fue capaz de desempeñar adecuadamente las responsabilidades de su cargo, condicionada por su miedo constante a la hidra revolucionaria, a la anarquía, al régimen representativo y su apego al poder absoluto tal y como lo habían desempeñado sus antepasados.
Si sólo hubiera sido reina consorte, la trascendencia del personaje habría sido escasa. Al recibir las riendas del poder ante la incapacidad y muerte de su marido y convertirse en reina gobernadora, adoptó un comportamiento político que no contentaría sino a un restringido grupo de políticos, representantes de las tendencias más conservadoras del partido moderado. De ser un personaje recibido con simpatía en todo el reino, y especialmente en Madrid, con la excepción de los partidarios del absolutismo más extremo, pasó a verse obligada al exilio en 1840 y 1854 y denunciada en las Cortes. Las complejidades de su vida privada no le permitieron tener una mayor capacidad de maniobra en demasiados momentos. El hecho de ser mujer, tampoco.

La princesa de la Corte napolitana

María Cristina de Borbón y Borbón, hija de Francisco I, rey de Nápoles y de María Isabel de Borbón, infanta de España e hija de Carlos IV, nació el 27 de abril de 1806, en Palermo, ciudad en la que se había instalado la familia real, obligada a trasladarse a la isla de Sicilia ante los vaivenes políticos de la época napoleónica. Después de la derrota definitiva de Napoleón Bonaparte, los Borbones volverían a Nápoles, que se convertiría, a partir de 1816 y en virtud de los acuerdos del Congreso de Viena, en la capital del nuevo reino de las Dos Sicilias.
La Familia de Francisco I.
Óleo sobre lienzo de Giuseppe Cammarano (1820), 313 x 397 cm.
Museo de Capodimonte (Nápoles)
María Cristina es la muchacha situada junto al busto de su abuelo, Fernando IV de Nápoles o I de las Dos Sicilias, a la que abraza su hermana Luisa Carlota. Los futuros reyes de Nápoles, Francisco y María Isabel, están acompañados por sus hijos. El cuadro fue un regalo del príncipe heredero del reino de las Dos Sicilias a su padre. El Vesubio, símbolo de Nápoles por excelencia, humea al fondo.
A pesar de que en alguna ocasión se ha afirmado que en la Corte de Nápoles existía un cierto talante liberal, los hechos no parecen demostrarlo. Después de la gran convulsión política generada por la revolución en el tránsito del siglo XVIII al XIX, los monarcas europeos, entre los que no eran excepción los de Nápoles, no eran especialmente partidarios de los regímenes constitucionales.
María Cristina nació en el seno de una familia reinante que se había visto desposeída del Trono y obligada al exilio por la revolución. Si en 1820 el rey de las Dos Sicilias aceptó el régimen liberal, lo hizo forzado por las circunstancias. La educación recibida por la princesa y el ambiente de la Corte en la que pasó su infancia y adolescencia no la predisponían a aceptar grandes cambios en un futuro que todavía estaba lejano. María Cristina, que en un primer momento no parecía destinada a tener responsabilidades de carácter político, fue educada de una manera tradicional y sólo llegó a tener nociones de las disciplinas básicas para poder desempeñar un papel aceptable en los ámbitos palaciegos en que tendría que vivir. La princesa era de trato agradable y capaz de relacionarse con facilidad, gracias al dominio de las lenguas, que utilizó a lo largo de su vida. Las cartas que escribirá a su hija Isabel en castellano no denotan la influencia del italiano o del dialecto napolitano, ni tampoco galicismo alguno. Su afición a la música la llevaría a crear, ya como reina consorte, el Real Conservatorio de Música de Madrid. María Cristina debió de estar dotada de una inteligencia natural, que hubiera podido desarrollarse con una mayor dedicación al estudio y que no siempre utilizó para seguir el camino más adecuado para su supervivencia política. Como princesa del reino de las Dos Sicilias, su escasa preparación intelectual, especialmente en el terreno de la política, no era un problema grave, como tampoco lo fue siendo reina consorte, pero como Reina Gobernadora tendría la mayor trascendencia, como la tuvo igualmente en el caso de su hija Isabel.

María Cristina, reina consorte. El primer ejercicio del poder

Fernando VII y María Cristina paseando por los jardines de palacio, probablemente el de Aranjuez, en la primavera de 1830, cuando se confirma el embarazo de la reina.
Óleo de Luis Cruz y Ríos, 498 x 710 cm. Museo de Bellas Artes de Asturias (Oviedo)
María Cristina llegó al palacio real de Aranjuez el 8 de diciembre de 1829 y al día siguiente se celebró la ceremonia de esponsales, en la que, curiosamente, el protagonista masculino, por poderes, fue Carlos María Isidro, en esos momentos el primero en la sucesión al Trono. La nueva reina de España fue acogida con entusiasmo por todos aquellos que confiaban en una futura maternidad que apartase de la línea sucesoria al hermano del rey, a quien en esos momentos apoyaban los más exaltados realistas, muy numerosos en todo el país.
Meses después de su llegada, en marzo de 1830, Fernando VII hizo pública la Pragmática Sanción, un texto legal, aprobado por las Cortes de 1789, que anulaba la preferencia en la sucesión al Trono de las líneas masculinas colaterales de descendencia sobre las líneas femeninas directas. Si el embarazo de la reina, hecho público semanas después, llegaba a término, la ascensión al trono de Carlos María Isidro quedaba descartada, incluso en el caso de que naciera una niña. La reina, según se desprende de la documentación consultada y de recientes publicaciones, fue acotando espacios en la Corte, en los que la presencia de los hermanos del rey, y especialmente la del infante don Carlos y su familia, comenzó a ser restringida.
El 10 de octubre de 1830 nacía la infanta María Isabel Luisa, y el 30 de enero de 1832 la segunda hija de los reyes, la infanta Luisa Fernanda. María Cristina había cumplido su misión principal como reina consorte, pero, y en esto había una total continuidad con la tradición, no tuvo ningún protagonismo político en esos dos primeros años de su vida en la Corte. Sin embargo, a partir de los llamados Sucesos de La Granja, el 6 de octubrede 1832, María Cristina fue habilitada por Fernando VII, muy debilitado por la enfermedad, para el despacho general de los asuntos políticos. La reina consorte se transformó en Reina Gobernadora en los tres últimos meses de 1832.
Es entonces cuando se forja la idea y se construye la imagen de su proximidad a los liberales, como también de su disposición en un futuro más o menos próximo a aceptar un régimen constitucional, dependiendo del tiempo de vida que pudiera quedarle a Fernando VII. En los últimos meses de 1832 cambió el Gobierno, fueron sustituidos los capitanes generales afectos a las tendencias ultrarrealistas, se abrieron las universidades, se publicó un decreto de amnistía, pero también se decía en un escrito de Cea Bermúdez, fechado el 3 de diciembre, que la reina «se declaraba enemiga irreconciliable de toda innovación religiosa o política...».
Al comenzar el año 1833, el rey la relegó de sus funciones, agradeciendo públicamente todos sus desvelos. La reina quedó alejada del poder efectivo, pero se había forjado la leyenda de una reina liberal y generosa, leyenda que el tiempo, su avaricia y sus actuaciones se encargarían de destruir, al menos parcialmente y que, en parte, volvería a resurgir coincidiendo con la regencia de María Cristina de Habsburgo, a partir de 1885.

María Cristina, reina gobernadora

Una vez fallecido Fernando VII el 29 de septiembre de 1833, su viuda se presentó de forma inmediata a sí misma como Reina Gobernadora. Esta fórmula, de connotaciones absolutistas, que jamás aceptaría María Cristina de Habsburgo en su regencia, fue la utilizada en la documentación oficial de la minoría de edad de Isabel II y María Cristina de Borbón siempre firmó con ella la documentación oficial.
La primera y mayor preocupación de la viuda de Fernando VII y el Gobierno fue controlar a los partidarios de don Carlos que, desde Portugal, se había proclamado rey de España al conocerse la muerte de su hermano. También los liberales eran mirados con recelo, especialmente aquellos que el embajador francés llamaba del «partido del movimiento», los futuros progresistas. En el ámbito de su vida privada, María Cristina, comenzó a formar, a partir de diciembre de 1833, una segunda familia con Fernando Muñoz, que debía permanecer en secreto para que ella pudiera mantenerse en el poder. Su segundo esposo y los hijos habidos con él le aportaron felicidad como mujer, pero también graves complicaciones y no sólo en el terreno de la política.
A pesar de sus tendencias absolutistas, las dificultades generadas por la guerra carlista en el frente, las provocaciones de los antiguos voluntarios realistas y la presión ejercida por algunos militares llevaron a la regente a aceptar la existencia de un régimen representativo basado en el muy moderado Estatuto Real. Más adelante, los estallidos revolucionarios que se produjeron entre 1834 y 1836 hicieron posible la transición desde la fórmula del Estatuto Real a la Constitución de 1837. El Estatuto reconocía a la Corona prerrogativas muy amplias, pero la nueva Constitución imponía ciertas limitaciones al rey, en este caso la reina regente, en el ejercicio de sus funciones y le obligaba a compartir la soberanía con la nación. Al mismo tiempo, las revoluciones urbanas  habían potenciado el acceso de los liberales progresistas a los Ayuntamientos y ello hacía más difícil el control gubernamental de las grandes ciudades.
El fin de la guerra carlista dio alas a la reina gobernadora y a sus más fieles seguidores, los liberales más moderados. Ambos, en clara connivencia, pretendieron frenar los cambios que se habían ido operando en los años anteriores y, especialmente, recuperar el control de las grandes ciudades, mediante la Ley de Ayuntamientos. La actuación de los progresistas en las ciudades más importantes del país y el escaso apoyo del Ejército, en especial del general Espartero, para acabar con el movimiento revolucionario urbano de 1840, decidieron a la regente a renunciar a su cargo en Valencia el 12 de octubre de 1840. También influyó en ello las tensiones vividas como consecuencia de su irregular unión con Fernando Muñoz. Debe recordarse que los hijos que iban naciendo de esa relación eran separados inmediatamente de su madre y enviados a Francia. Hacia ese país se dirigió María Cristina de Borbón, desde el puerto de Valencia.
En el tiempo de su regencia  se consumó la crisis definitiva del Antiguo Régimen: desapareció de forma definitiva el régimen señorial, se llevó a cabo la desamortización de las tierras de la Iglesia, se decretó la liberalización de la industria y el comercio, se empezó a racionalizar la Administración, se derrotó al carlismo y, a pesar de la resistencia de la Corona, se consolidó un régimen constitucional con la Constitución de 1837.

Reina Cristina, reina madre

El primer exilio se alargó desde el 17 de octubre de 1840 hasta el 22 de marzo de 1844. Después de un viaje a Roma en el que María Cristina obtuvo la absolución papal por las actuaciones revolucionarias contrarias a la Iglesia, (en especial el proceso desamortizador y la supresión de la mayoría de órdenes religiosas) y la aceptación de su relación conyugal con quien ella consideraba su esposo, la pareja Muñoz y Borbón se instaló en la ciudad de París donde adquirieron un palacete urbano en uno de los barrios más exclusivos y también el palacio de Malmaison, en Rueil, que había sido el refugio de Josefina Beauharnais y Napoleón.
Desde París, y bajo los auspicios de Luis Felipe, intentaron controlar o recuperar el poder para sí mismos y el círculo de sus fieles, los moderados. También pretendieron manejar de acuerdo a sus intereses a la reina niña y a su hermana, a través de personajes de la Corte que nunca aceptaron el régimen representativo. En 1841 potenciaron un golpe de Estado que, en el caso de haber triunfado, les habría devuelto al poder en Madrid. Durante el exilio francés mejoraron su capacidad de hacer negocios y enriquecerse de manera directa o través de socios interpuestos, una práctica que había sido consustancial a la ex regente y su marido secreto desde tiempos anteriores.
Con la declaración de la mayoría de edad de Isabel II, Fernando Muñoz recibió el título de Duque de Riánsares y María Cristina pudo regresar a España, entrando en Madrid el 22 de marzo de 1844. El matrimonio Muñoz y Borbón se formalizó el 13 de octubre de 1844. A partir de ese momento la pareja formada por la reina madre y el Duque de Riánsares, como se les citaba en la prensa, siguió ampliando sus posesiones y su riqueza y siguió controlando grandes parcelas de poder político a través del ala más conservadora del partido moderado, en una etapa en la que Isabel II mostraba una total dejación respecto a los asuntos de la política.
La Constitución de 1837 fue sustituida por la de 1845, mucho más restrictiva en materia de participación política y libertades y más favorable a la Corona. No puede negarse que el régimen liberal se consolidara en el reinado isabelino, pero las cotas de libertad y la capacidad de actuación política seguían vetadas para una gran parte de la población española, en tanto que las grandes fortunas no dejaban de crecer gracias a la especulación, entre ellas la de la reina madre y su marido. Por otro lado, una vez firmado el Concordato de 1851 la Iglesia católica recuperó cotas importantes de poder. En ese tiempo, la llamada Década Moderada, María Cristina y Fernando Muñoz fueron acumulando desencuentros con amplísimos sectores de la sociedad española. De hecho, la reina madre se convirtió en el símbolo de todos los males posibles. Su avaricia, sus tendencias absolutistas, su ansia de poder, su intervención constante en la Corte y sus negocios eran objeto de censura en panfletos o en los corrillos de las gentes.
Cuando estalló la revolución de 1854, fue atacado su palacio de la calle de Las Rejas y, amenazados de muerte, tuvieron que huir hacia Francia, a través de Portugal, a finales de agosto, protegidos por la Milicia Nacional. Sus bienes fueron secuestrados y, meses después, se constituía en las Cortes una Comisión parlamentaria que debía investigar qué había ocurrido con las joyas de la Corona y la forma de gestionar determinados bienes públicos por parte de la reina madre. El debate parlamentario traspasó las fronteras. La habilidad del matrimonio Muñoz y Borbón y el cambio de la coyuntura política, a partir de 1856, atemperaron la situación y no se llegó mucho más lejos. Pero la pérdida de credibilidad de la madre de Isabel II había llegado a un punto de no retorno.
A partir de este segundo exilio, María Cristina se instaló definitivamente en Francia. Su vida, junto a su marido, fue semejante a la de las familias burguesas enriquecidas de la ciudad de París, con mansiones en los alrededores de la misma y también en las ciudades de la costa de Normandía. El poder y el aura monárquica que conservaba le facilitaron casar a sus hijos, los Muñoz y Borbón, con personajes de la nobleza europea y española. La fortuna acumulada a lo largo de su vida le permitió entregarles unas sustanciosas dotes, que acompañaban a los títulos de nobleza que la propia Isabel II les había conferido.
María Cristina siguió atenta, desde su exilio, la evolución de la política española y, especialmente, la conservación del trono borbónico, pero sus opiniones o consejos no fueron tenidos en cuenta por Isabel II. Regresó a España en algunas ocasiones para visitar a sus hijos y, después de 1868, todavía intervino en cuestiones políticas relacionadas directamente con la familia real, como la abdicación de Isabel II en su hijo, el futuro Alfonso XII, o la orientación de los estudios del príncipe.
María Cristina falleció el 22 de agosto de 1878 en la villa Mon Désir, su residencia de Sainte-Adresse, un barrio residencial de la ciudad portuaria de Le Havre. En el mismo lugar había fallecido Fernando Muñoz en 1873. La reina Cristina había nacido en un palacio de una monarquía absoluta y moría en una mansión frente al mar, en un espacio urbano recién creado para el disfrute de la alta burguesía francesa. Sin embargo, sería enterrada en el Panteón de los Reyes del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, a pesar de que se había hecho construir una tumba junto a la de su segundo esposo en la ermita de la Virgen de Riánsares, en Tarancón, y haber expresado su deseo de ser enterrada allí. Al morir su fortuna seguía siendo inmensa, su poder político y su prestigio casi inexistentes.
Grabado de La Ilustración Española y Americana (1878).
Copia del último retrato fotográfico

sábado, 6 de octubre de 2012

Breve Historia de Tenoya y su Ermita

Este artículo nace de la sincera inquietud de ciudadanos de a pie por el patrimonio histórico de nuestra isla; aquí se ha puesto como ejemplo a la Ermita de Tenoya, pero no será una gran revelación para el lector, el decir que hay muchos más ejemplos de desidia, por nuestra parte y por parte de los organismos competentes sobre el particular. Obviamente, a través de este artículo también queremos manifestar nuestro deseo de que nuestra ermita sea restaurada y protegida mediante la denominación de patrimonio histórico. Sin embargo, nuestros proyectos no se quedan aquí sino que van más allá. Queremos una ermita restaurada, pero en absoluto cerrada al público, nuestro pensamiento sería que se realizaran en ella oficios religiosos durante el año, se abriera a la visita de los turistas que vengan a visitarla, estando en perfectas condiciones y se informe de su historia e importancia patrimonial.

En la actualidad, Tenoya se encuentra situada a unos 12 km. de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, en el norte de la isla, siendo el límite oeste entre los municipios de Las Palmas y Arucas. Esta localidad ha crecido en una zona ligeramente montañosa, caracterizándose por la gran cantidad de lomas que hay en los alrededores y que conforman su orografía.

Partiendo de que en la zona correspondiente al valle de Tenoya, se encontraba un asentamiento aborigen, (en la actualidad ampliamente destruido), el pueblo de Tenoya como tal debió surgir a fines del siglo XV, después de finalizada la conquista de la isla de Gran Canaria por los castellanos, y después de los repartos de tierras que el conquistador Pedro de Vera realizó entre sus colaboradores más importantes. En esta isla, como diría Juan Ramón Nuñez Pestano, “se ha podido detectar el origen de grandes linajes de la terratenencia local en las datas de tierras y aguas otorgadas por los gobernadores entre los conquistadores más relevantes, como es el caso de Miguel Moxica, (Mújica), que recibió grandes propiedades en el heredamiento de Tenoya (…)”[1]. No obstante, éste no viviría lo suficiente para disfrutarlas y pasarían a su primo Juan Civerio y Muxica, de origen vizcaíno, que vino a Gran Canaria en las compañías de vizcaínos que vinieron a la conquista; llegando a ser uno de los primeros regidores de Gran Canaria. Tal y como ha descubierto, Vicente Hernández Jiménez,[2] “según el libro de Repartimientos, en 13 de julio de 1485 se repartió el Valle de Tenoya desde la acequia vieja a la parte de la Villa del Real, y se hizo un camino de cuatro estadales de ancho, por el que se iba desde la Villa del Real de Las Palmas al lugar de Arucas, para cuyas tierras se dio toda el agua del Barranco de Tenoya. El primer beneficiado fue Juan de Civerio, al que se dio una suerte de tierra para un peón, en que ovo cinco aranzadas, en el cual entró el vallecico de Las Palmas e otros pedazos que están vera del barranco seco, con un pedazo de tierra que está vera de la Vega, como va consignado por los mojones, en veinte de Diciembre de mil e quinientos años. López Sánchez de Valenzuela, Gobernador de esta isla y Repartydor y Reformador, dio a Juan de Civerio esta peonía de tierra. Unido a ésta se otorgó data de una peonía de tierra de diez aranzadas a Antonio de Arévalo, y otra, unida a la anterior y en el propio día a Juan de Civerio, y encima de ello el Gobernador Pedro de Vera mandó darle más tierras hasta dar a “una albarrada de canarios”, un pedazo de cañaveral, encima de dos pedazos de tierra que se habían dado a Hernando de Miranda y a García de Asiego.”

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Este escudo heráldico puede observarse actualmente en una casa de propiedad particular, que se encuentra en un lateral del templo. Dicho emblema pertenece a la Casa de los Lezcano – Muxica, cuyos miembros fueron patronos y mayordomos de la ermita durante muchos años. Se la denominaba Casa del Cura.
Foto de los autores.


Como consecuencia de la implantación del cultivo de la caña de azúcar y debido a las excelencias del barranco de Tenoya, se ubica aquí uno de los ingenios azucareros de la isla, en las tierras de Juan de Civerio y, alrededor del mismo, debió surgir el pueblo, al irse demandando las instalaciones anexas al ingenio y la mano de obra especializada necesaria para la floreciente industria. Este primer asentamiento urbano de Tenoya debía ser un tanto extraño, pues sus pobladores, debían ser los expertos portugueses en el cultivo de la caña, los aborígenes que colaborarían con ellos como mano de obra barata, los esclavos negros traídos de Berbería, los españoles especialistas (carpinteros, herreros, canteros, etc.), moriscos y toda una gran cantidad de personas que de una forma u otra estaban vinculadas a las tareas del ingenio (agricultores, ganaderos, tejeros, almocrebes, leñadores...).

Debido a la existencia de este ingenio, el agua que bajaba por el barranco se destinaba fundamentalmente para éste, para gran molestia de los pobladores de Teror, así lo menciona Vicente Suárez Grimón en uno de sus trabajos: “Esta disputa se plantea entre la heredad de Tenoya y los vecinos de Teror; sus orígenes se remontan a los tiempos de la conquista de la isla y al consiguiente reparto de tierras y aguas entre los concurrentes a ella. Por este reparto, que tiene sus orígenes en los años de 1485 a 1502 y en la reformación posterior de 1506 (…) se concedieron al Valle de Tenoya todas las aguas (…) que fueran a parar al barranco de Tenoya.”[3] La heredad de Tenoya existió antes que el núcleo poblacional de Teror, sin embargo la propiedad del Agua se desvió a la primera, debido a que las tierras de Teror se denominaban de “sequero” mientras que en Tenoya, había caña de azúcar, producto en boga en esos momentos.

Además, por Tenoya pasaba el camino Real de Arucas, que continuaba hacia Gáldar, lo que hacia que dicho lugar fuera de paso obligado para todos los que querían desplazarse a cualquier punto del norte de la isla (Arucas, Guía, Gáldar, Agaete, Firgas ...) Este asentamiento demandaba la celebración de oficios religiosos, los cuales, a partir de 1.515, según se desprende de las Constituciones Sinodales del Obispo Vázquez de Arce debía realizarlas el cura de la recién creada parroquia de San Juan Bautista de Arucas. (hay por tanto dependencia eclesiástica del curato aruquense). “(…) Por ende estatuymos e hordenamos e mandamos que en cada uno de los dichos lugares de Arucas e Moya, aya yglesia parrochial baptismal donde se digan misas y ministren los santos sacramentos e erigimos e criamos las yglesias de los dichos lugares en yglesias parrochiales”.[4] Según Rodríguez Calleja, “(…) la parroquia de Arucas también cubrirá una zona de difícil delimitación, al menos hasta la creación de la parroquia de San Lorenzo, en torno al barranco de Tenoya y la Cruz del Ovejero en Tamaraceite.”[5]

No se puede hablar de la fundación de Arucas, sin pasar por alto que el barranco de Tenoya se integra, en ciertos documentos, en el Barranco de Arucas, olvidándose que Tenoya, dentro de la jurisdicción, fue con probabilidad el primer núcleo habitado, y que debió ser en aquellos años de gran importancia. Sin embargo, la primera referencia que se tiene de un lugar de culto en este Valle, aunque este punto no esté totalmente contrastado, es el de un oratorio en el mismo barranco bajo la advocación de la Virgen de la Gracia, oratorio levantado en conmemoración a una batalla entre aborígenes y castellanos, donde moriría Doramas, en la cual sobreviven pocos conquistadores. No obstante, Vicente Hernández Jiménez apunta la existencia de una ermita edificada en el s. XVI, como conmemoración a la batalla mencionada, que sería arrumbada por una crecida del barranco en el s. XVIII y que estaría bajo la advocación de la Virgen de la Encarnación.

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Imagen actual de la ermita de Tenoya y su emplazamiento.
Foto de los autores.


También en las constituciones del Obispo Vázquez de Arce se hace alusión a que el cura de la parroquia de Arucas, tenía que decir una misa en los ingenios de Firgas y Tenoya, los días de precepto. Sin embargo, no será hasta 1.629 cuando se haga alusión a una ermita bajo la advocación de San Pedro en Tenoya, cuando se imponen misas rezadas por parte de Juan de Civerio Lezcano Mújica. Sin embargo esta ermita no sería la que ya hemos mencionado, sino que seguramente se refiere a la edificada por los Lezcano en 1600, descendientes de Juan de Civerio, que fue construida junto al trapiche de la familia. Esta ermita se fue reedificando, y cabe la posibilidad de que sea la que aún podemos contemplar en la Plaza de Tenoya. Los patronos y mayordomos eran los Lezcano, y ésta nueva edificación se destinó a que los obreros y personal de sus fincas oyeran misa y cumplieran sus obligaciones religiosas.

Desde 1681, se creará la parroquia de San Lorenzo, de la que dependeremos hasta principios del s. XX. Concretamente a partir de 1.695, será cuando también aparezca la advocación a Ntra. Sra. de la Encarnación, y durante varios años las advocaciones a San Pedro y a la Encarnación serán simultáneas. La Virgen de la Encarnación ganará finalmente el patronazgo del valle y bajo su auspicio se encuentra la moderna iglesia, desde la que actualmente se oficia. Respecto a la nueva iglesia donde se guarda la efigie de esta virgen, el 6 de Agosto de 1.937 el Excmo. Sr. Obispo D. Antonio Pildain Zapiain confiere mandato especial al provisorato para la formación del oportuno expediente sobre la formación de la parroquia de Tenoya, reservándose la aprobación del auto que recayere. El día 19 de agosto del mismo año, el sacerdote de San Lorenzo y Capellán de Tenoya en aquellos tiempos, D. Mariano Hernández Romero emite su informe, en el que expresaba: "... juzgo necesaria y de mucha utilidad la creación de la Parroquia de Tenoya por la verdad objetiva de las causas canónicas que motivan este proyecto de división, a saber:
a) la dificultad de los fieles para ir a la iglesia Parroquial de S. Lorenzo (la más cercana)
b) el gran número de feligreses a cuyo régimen espiritual no se puede atender debidamente..."
También añadía : "... La capilla de Tenoya, cuya titular es Nuestra Sra. de la Encarnación, aún disfrutando de la pila bautismal a juicio del que suscribe no está en condiciones de ser destinada a iglesia parroquial. Es una Ermita muy antigua y muy devota de nave insuficiente para el número de fieles del pueblo de Tenoya..."[6].

El día 1 de Noviembre del mismo año de 1.937, el fiscal una vez oídos todos los que tienen que intervenir, informó que era favorable al Sr. Provisor y vicario general quien dicta auto definitivo el 20 de Noviembre y con fecha 7 de Diciembre el Excmo. Sr. Obispo aprueba el auto creando la Parroquia de Tenoya y señala la fecha del 8 de Diciembre festividad de la Inmaculada Concepción para el comienzo de Tenoya como Parroquia.


La ermita de Ntra. Sra. de la Encarnación, hoy

Enclavada en el casco antiguo de Tenoya, rodeada por la Plaza de Nuestra Señora de la Encarnación, nos encontramos con un edificio de planta rectangular, formado por un cuerpo alargado dividido en dos zonas, ermita propiamente dicha de unos 70 m2 útiles y la sacristía, de unos 20 m2 aprox. Respecto a las dimensiones externas, son de 26 m. de largo por unos 5 m. de ancho. Dicho edificio tiene un tejado a dos aguas en el más puro estilo popular, y lo que podríamos denominar una azotea (sacristía), lo que denota los añadidos que se han llevado a cabo en ella a través del tiempo.

El frontis destaca por su sencillez y sobriedad: consta de una puerta de dos hojas en madera de tea, claveteada y pintada de marrón. En la parte alta del mismo, tenemos una espadaña de cantería en la cual están colocadas las dos campanas. Una de éstas, la más pequeña, el esquilón, tiene grabado el nombre de San José y lleva inscrita la fecha de 1.664. Seguramente a ésta se referirá la placa de piedra que podemos encontrar en uno de los laterales del edificio, en la cual se puede leer (aunque a duras penas): "Esta campana es de Nuestra Señora de la Encarnación. La donó Juan (ilegible) siendo mayordomo, con la limosna de 751 (ilegible)."

Refiriéndonos a su lateral derecho, (el que está orientado al sur) podemos observar que existen en el mismo dos puertas, la más cercana al frontis descrita como puerta chica y otra un poco más alejada, que es por la que se accede a la sacristía desde el exterior. En ese lateral está colocada una cruz de madera y a cada lado de ella están colocadas dos peanas de cantería, en las cuales hay un par de macetas que algún feligrés tiene a bien regar de vez en cuando. En el lateral norte, la nave principal tiene dos pequeñas ventanas, fruto de una de las remodelaciones para conseguir luz exterior, y en ese mismo lateral, la sacristía tiene otra ventana, pero con jambas de cantería. A lo largo de los años, este edificio recibió varias remodelaciones, pues se aprecian las huellas de las mismas en la edificación, piedras de cantería de diferente color en la espadaña, encalados de diferente rugosidad en los laterales, tejas de diferente tonalidad, poyos de cantería al lado de poyos de cemento en sus laterales, etc.

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Interior de la ermita. A pesar de la actuación del actual párroco que ha limpiado y repintado el recinto tras años de abandono, si se fijan, pueden observar la presencia, tanto en las condiciones del suelo como en los desconchones de las paredes, los efectos de la humedad, junto a la aparición de todo tipo de insectos que atacan la madera y debilitan la estructura del púlpito, el altar y la del mismo edificio. Su restauración es, por tanto, urgente.
Foto realizada por los autores en el 2005.


Si visitáramos su interior nos encontraríamos con un recinto oscuro, en el que sólo surge un suave halo de luz a través de dos ventanas de su lateral, que nos permite vislumbrar unos cuantos bancos y un par de santos que nos agradecen la visita, tales como un Crucificado, un busto del Señor, la Virgen de los Dolores y un par de cuadros que se tienen a duras penas… son lo que queda de un pasado no tan lejano, donde antes brillaban lámparas de plata, la Virgen de la Encarnación con su afable estampa, un Juan Evangelista con el cordero que nos invitaba a escuchar la prédica de Jesús cada domingo… y que ahora no se encuentran en el recinto.

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Puede observarse en ésta imagen a la Virgen de la Encarnación en su ermita durante la semana santa de 2005, vestida de forma sencilla, aunque no por ello exenta de hermosura. Al fondo, vista parcial del altar que describimos.
Foto realizada por los autores.


También queda aún un púlpito de madera policromada, que se conserva en su interior milagrosamente, pues casi toda la madera está atacada por la carcoma. En él se pueden apreciar, pintados, aunque toscamente debido a los retoques sufridos, los bustos de los cuatro evangelistas con su correspondiente animal simbólico. Tiene planta hexagonal, siendo el sexto de sus lados el lugar donde se encuentra apoyada la escalera de acceso al mismo. En el se disponía el párroco a predicar el sermón para llegar a todos aquellos que se quedaban fuera de la iglesia, y su voz según dicen los vecinos, que aún recuerdan años mejores para este templo, retumbaba hasta llegar al barranco. Y respecto al altar, pieza fundamental de toda iglesia, está igualmente atacado por la carcoma y absolutamente abandonado, las figuras que acompañaban al párroco todos los días de fiesta de guardar han desaparecido y sólo han dejado oscuridad y su sombra en las paredes de la ermita.

Ahora comprenderá el lector, ante esta desoladora imagen que se le describe, el porqué de nuestro empeño de que las autoridades competentes se hagan cargo de este recinto, antes de que a alguien se le ocurra tirarlo abajo para cubrir intereses particulares, que nunca faltan cuando hablamos de salvaguardar nuestro patrimonio y nuestra historia. Puede que la ermita para los que no sean tenoyeros, parezca algo irrisorio o pobre para protegerlo, sin embargo llamo la atención a que me contesten a la siguiente pregunta:

¿cuántos pequeños y sin interés, según algunas personas, trozos de nuestra historia perdemos en Canarias cada día?

Tenoya siempre es y será Tierra, Agua e Historia.

Domingo M. Guerra Hernández

Jennifer Guerra Hernández
Licenciada en Historia, U.L.P.G.C

sábado, 8 de septiembre de 2012

XXI Encuentro Folclórico de G.C.

XXI Encuentro Folclórico de G.C.
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domingo, 21 de agosto de 2011

En torno a la figura de Addur amas (Doramas)


En torno a la figura de Addur amas (Doramas)

Francisco P. De Luka*

El personaje histórico que representó Doramas en la isla de Tamarant dejó, sin lugar a dudas, una huella indeleble en la memoria popular pancanaria. Ciertamente, la tamusni o sabiduría oral, que casi milagrosamente sobrevivió a toda influencia cultural foránea, se constituyó -y aún se constituye- en la resistencia de todo un pueblo -el isleño- a la virtual desaparición de su rostro étnico. Es el elemento conductor que conecta a aquel al antaño anterior a la conquista europea, siendo el referente que le otorga suficiente consistencia a su propia identidad. En el caso particular de Doramas veremos a lo largo de este trabajo como surgen relatos, leyendas semiencajadas en el acontecer real, elementos toponímicos o cronologías concretas, que nos revelan el interés que supo despertar el célebre guerrero canario en el entorno popular e historiográfico.

El antropónimo Doramas está documentado en Escudero, A.Galindo, Sedeño, Torriani... y, más modernamente, en Viera y Clavijo, Marín de Cubas, del Castillo, Berthelot y Millares Torres. Tuvo su origen en el guanartemato de Telde, una de las dos demarcaciones territoriales -la otra era Agáldar- en que se dividió posteriormente la isla hacia 1460. Pertenecía al estrato social común, por tanto sin vinculación con la nobleza, y considerado como "trasquilado" (más adelante corroborado por la toponimia), es decir, sin barba y de pelo corto, como así se establecía socialmente. Los "trasquilados" formaban parte de los grupos productivos, tanto en la agricultura como en la ganadería, en el conjunto de una sociedad fuertemente jerarquizada como era la grancanaria. La nobleza se hallaba estructurada en una endogamia de linaje que impedía la propiedad de las tierras y los ganados a quienes no pertenecieran a aquella. Tierras y ganados, no lo olvidemos, exclusivamente atendidos por estos "trasqui- lados", hombres libres vinculados al grupo dependiente que llevaba a cabo dichas labores, absolutamente prohibidas a los nobles; estratificación social, por otro lado, presente en las sociedades touaregs del Sahara Central, en las que domina la idea del carácter envilecedor del trabajo duro.

Doramas era valeroso, fuerte y ambicioso. Su gran personalidad le impulsaba a ocupar un puesto en esa nobleza con la que soñaba y que su condición social le negaba. Es posible que ese fuera el motivo de una especie de rebelión que le condujera, en sus años más jóvenes, a diversas correrías en las cuales se apropiaba, a cara descubierta y de frente, de los ganados de los nobles (Marín de Cubas,1986:188-189), en un intento de demostrar su valentía y audacia de esta forma, en la línea de la más pura tradición touareg actual en cuanto a las "razzias" de supervivencia en el desierto se refiere.

Esta circunstancia motivó la animadversión de la clase dirigente de la isla hasta el punto de llegar al enfrentamiento personal con el noble Bentaguaire de Arguineguin, según Marín de Cubas (B.Alfons.I:331), que lo esperó un día en el camino y le obligó por la fuerza a reconocer su no pertenencia a la nobleza isleña.

La nota galante nos la ofrecen las fuentes documentales (Escudero, Marín de Cubas) que nos transmiten el episodio de sus amores compartidos con una joven noble de la corte de Telde. Concretamente Marín de Cubas nos dice: "enamoróse de una hermana o prima de Maninidra y del Rey, que vivía en las cuevas de Tufia y por corresponderle ella la llevaron a vivir a un peñón fuera de la mar, llamado Roque de Gando". Según cuenta la tamusni de nada sirvió, ya que el audaz guerrero atravesaba a nado todas las noches el brazo de mar (B.Alfons.I:332) desafiando las normas sociales.

En el aspecto militar, el hecho histórico que le dio renombre fue su participación decisiva, junto con Maninidra, en la toma y destrucción de la Torre fortificada de Gando, hecho ocurrido entre 1470 y 1475, como reacción popular a los abusos cometidos por los soldados españoles de Diego de Herrera con las mujeres y el ganado. En una maniobra estratégica logran entrar en el fuerte disfrazados con ropajes cristianos y expulsar temporalmente a los europeos de la isla. En 1478, cuando se inicia oficialmente la conquista de Gran Canaria por los Reyes Católicos en el Real de Las Palmas, capitaneada por Juan Rejón, toma el mando de las fuerzas canarias junto a Maninidra y Adargoma. Al grito de "faita, faita" (del verbo ftu, fta="partir, irse", entre los Ait Izdeg del Marruecos Central y los Chleuhs del Sous y Anti-Atlas), con el significado literal de "vamos, vamos", les presenta batalla en la desembocadura del Barranco de Guiniguada, con resultado desigual. En 1479, Doramas derrota a las tropas de Pedro de Algaba y el Deán Bermúdez en la Cuesta de Tenoya, trás seguirlas desde las tierras de Moya.

Todos estos hechos refuerzan su fama de guerrero y son determinantes para el aumento de su prestigio social. Es entonces ennoblecido por el Guanarteme de Agáldar y nombrado "capitán de la guerra". Se instala en la Montaña de Doramas, también conocida como Bosque o Selva de Doramas, amplio paraje situado entre Firgas, Moya y Guía y que se extendía hasta Teror, aunque actualmente se reduce a un lugar concreto del municipio de Moya. Desde allí dirige la resistencia al avance castellano, impidiendo la penetración por las tierras del norte de la isla, esta vez frente al general Pedro de Vera, nuevo y siniestro personaje enviado urgentemente desde España por los Reyes Católicos.

Mientras tanto la fama de Doramas transcendía ya a toda la Isla. Constituía el canario un ejemplo único de autocreación de prestigio, batalla a batalla, probablemente como elemento superador de su "inferior" condición. Y lo era en el seno de una sociedad jerárquica piramidal (con mucho más mérito si cabe) en la que se distinguían varios estadíos: Guanarteme, faikanes, nobles, productores o trasquilados y esclavos. Estos últimos eran despreciados por el resto del pueblo y llevaban a cabo los oficios más duros, tales como carniceros, verdugos o momificadores, entre otros. Equivalentes funciones llevaban a cabo hasta hace poco los "iklan" (esclavos), el estrato más bajo entre los touaregs del Ahaggar, que poseen muy similar organización social a la de los antiguos canarios, aunque ya "dulcificada" en la actualidad.

En relación al topónimo actual Arucas (A.Galindo, en B.Alfonso I:392) y sus antiguas variantes Arehucas (Bernáldez, en B.Alfonso I:391) y Arahucad (Bernáldez, en B. Alfonso I:390), su etimología podría estar vinculada al personaje de Doramas, por lo que expondremos a continuación. Desde principios del s.XVI, el topónimo Arucas, de clara procedencia aborígen, nominó el territorio que incluía hasta mediados del XIX la jurisdicción del actual municipio de Firgas; en las "Memorias del Reinado de los Reyes Católicos", escritas por A. Bernáldez en 1515, se menciona el poblado de Arejucas o Arehucas (Jesús Vélez-Macías Hdez,1995) localizado en el barrio de la Hoya de S. Juan.

Sugerimos que el vocablo en cuestión tendría su paralelo en el sustantivo masculino sing. touareg ahekkôd (pl:ihekkâd), (Foucauld II,1951) con el significado de "cresta de cabellos cortos que divide la cabeza en dos mitades desde la frente a la nuca". Era propio de los antiguos libios Isabaten que habitaron el Ahaggar centrosahariano antes de la llegada de los nobles Hawwara a dicho lugar. Fue un signo distintivo de los "no nobles" en contraposición a los de superior rango social. Si partimos del compuesto Ar-ihekkad= "el de los cabellos cortos" llegamos a la conclusión, nada extraña, de que Arehucas podría tratarse del territorio "del trasquilado".

El odio que se granjeó Doramas entre los españoles arrancaba desde el ataque al fuerte de Gando, una de sus primeras acciones a partir de la cual se puso de manifiesto su valentía, que le dio justa fama entre el pueblo. Una prueba concluyente de cuanto decimos la tenemos en el hecho de que uno de los primeros actos que llevó a cabo el capitán Juan Rejón, recién desembarcado en el Real de las Palmas en 1478 al iniciar la conquista de la isla, fue arrasar el poblado de Arehucas y quemar las cosechas de su fértil vega. Los canarios se refugiaron en las montañas próximas y los hombres útiles pasaron a engrosar las filas de Doramas (Jesús Vélez-Macías Hdez, 1995). Por otro lado, la isla estaba dividida desde la muerte de Tagother Semidán, aproximadamente hacia 1460, en las demarcaciones de Agáldar y Telde, como ya indicamos más arriba. El lugar de La Frontera, no lejos del casco actual de Arucas, nos indica la antigua separación entre los dos guanartematos en que se dividía la isla, teniendo como extremos la Punta de Arucas y, en el Suroeste, la Punta Mogán. El territorio de Doramas caería de lleno en el Guanartemato de Agáldar, comprendiendo la Montaña o Bosque de su nombre, citada anteriormente y la Vega y Montaña de Arucas, posiblemente otorgado al héroe canario por el propio Guanarteme de Agáldar que lo ennobleció por sus cualidades guerreras. El topónimo Arehucas sería por tanto una castellanización pluralizada de Arihekkad= "el (lugar) de los trasquilados", de evolución fonética Arihekkad <>Arehikkad <> Arehukkad <> Arejucas <> Arehucas <> Arucas, por metátesis vocálica de la "i" y la "e" y añadido posterior de una "s".

Curiosamente, en Tenerife tenemos la figura de Aguahuco, hijo de Tinerfe el Grande, al que le tocó un pequeño y agreste territorio en Anaga, hoy día La Punta del Hidalgo, con traducción, según Berthelot, "hijo que no tiene nada, sin propiedades" y según Galindo, "el ilegítimo" (F. Ossorio, 1996).

Por nuestra parte, vemos que la raíz etimológica es bien clara: A-wa-ahekkôd= "este del cabello corto (trasquilado), que nos indica su condición de no noble, por ser hijo ilegítimo de Tinerfe, de evolución Awahekkod <> Aguahuco.

Abundando en más datos, en Fuerteventura encontramos Las Majaditas de los Arucos, Pájara, ¿relacionado con pastores majoreros, descendientes directos de primeros pobladores de clase inferior, o con el ganado caprino trasquilado?

Volviendo a Doramas, en cuanto a su análisis lingüístico proponemos una solución distinta a la aportada hasta ahora por J. A. Delgado y G.Marcy. En las hablas de los Senhaya del Marruecos Central (gran familia a la que pertenecen los touaregs) existen las voces addur= "buena fama, renombre, honor, gloria, notoriedad" y amas= "lazo de parentesco". La forma compuesta es addur amas, literalmente: "el de la buena fama y el lazo de parentesco", y abreviado: "el famoso pariente", solución, a nuestro criterio, coincidente con el antropónimo Doramas, tanto fonéticamente como por su significado, si tenemos en cuenta la fama y el renombre del guerrero y los lazos afectivos que lo unían con una joven de la nobleza de Telde (que pudieron convertirlo en pariente o uno más de la familia). La evolución sería: Adduramas <> duramas <> Doramas.

Murió la mañana del 20 de Agosto de 1480 (C. Martín de Guzmán 1980:66) en los Lomos de Arucas, concretamente en el Llano de la Cruz, por una lanzada a traición luchando contra las huestes de Pedro de Vera. Su cabeza es llevada en una pica hasta el Real de Las Palmas y su cuerpo enterrado en la montaña próxima al suceso. Dejó tres hijos y el más famoso, Juan Doramas, pasó a Tenerife como conquistador (Cabrera Pérez, 1997). En esta isla casó con Collorarpa (María Hernández, nieta del Mencey Bencomo (Fdez. de Moratín, en B.Alf. II:148), y tuvieron tres hijos: María Férnandez, Juan Doramas y Francisco Doramas. Por su parte Juan Doramas hijo, casó con Isabel Pérez, nieta de D. Diego Díaz, Mencey de Adeje (Leopoldo de La Rosa, en B.Alfonso II,138). Según Díaz Dorta sólo tuvieron una hija llamada Leonarda de Oramas o Doramas (B.Alfon.II:141). Los descendientes actuales son por tanto los portadores del apellido Oramas.

*Asociación Cultural TAMUSNI

sábado, 6 de noviembre de 2010

La hacha más antigua del mundo es descubierta en Australia

La hacha más antigua del mundo es descubierta en Australia

SÍDNEY — Unos arqueólogos australianos anunciaron este viernes que encontraron un segmento de hacha de piedra de 35.500 años de antigüedad en un sitio sagrado de los aborígenes en el norte de Australia, señalando que es el objeto de este tipo más antiguo encontrado nunca en el mundo.

El pedazo de piedra, descubierto en mayo en una región apartada del norte del país, tiene marcas que demuestran que es parte de un hacha de piedra pulida, declaró Bruno David, de la Universidad Monash de Melbourne. "Se puede ver que la piedra tiene todas las marcas que muestran que fue frotada para fabricar un hacha de piedra pulida", dijo el científico al canal ABC. "La persona que utilizaba el hacha la frotaba con un pedazo de arenisca para alisar su superficie", agregó.

David indicó que la hacha más antigua encontrada hasta ahora tiene entre 20.000 y 30.000 años de antigüedad y que se creía que esa herramienta apareció primeramente en Europa al final de la última era glacial. "Pese a ello, lo que hemos descubierto en Australia es una prueba de que esas hachas se remontan a 35.000 años. Esto significa que la actual creencia sobre sus raíces europeas no explica el origen de esta herramienta globalmente. Hay que analizar las cosas de otra manera", explicó.

Según el arqueólogo, este descubrimiento demuestra que el pueblo aborigen Jawoyn de las Tierras de Arnhem, en el norte de Austrialia, podría haber sido el primero del mundo que pulió hachas para afilarlas.

sábado, 12 de septiembre de 2009

:::Las harimaguadas:::

:::Las harimaguadas:::

Maguada dándose un baño purificador

Por norma general, las fuentes documentales del pasado prehispánico de Canarias ofrecen una imagen sesgada e incompleta de nuestros ancestros. Analizan la realidad isleña desde un punto de vista externo, contaminado por la constitución cultural del observador. Por eso, lo más adecuado es acercarse a estos textos de forma crítica.

Preparadas para la vida adulta

El caso de las harimaguadas no es una excepción a la norma. La doncellez y el encierro que las caracterizaba favoreció que los cronistas, influidos por la mentalidad religiosa y monacal de la época, las representaran como monjas o sacerdotisas. Así, mientras la crónica Ovetense [(1639) 1993: 162] anota que los guanartemes tenían «casas de Doncellas encerradas, a manera de emparedamiento», el códice Lacunense [(ca. 1554) ca. 1621: 25v y 1993: 224] afirma «que oy llaman monjas, a estas [...] maguadas». Encontramos connotaciones similares en el testimonio recogido por Abreu Galindo [(ca. 1590) 1977: 156]:

Entre las mujeres canarias había muchas como religiosas, que vivían con recogimiento y se mantenían y sustentaban de lo que los nobles les daban, cuyas casas y moradas tenían grandes preeminencias; y diferenciábanse de las demás mujeres en que traían las pieles largas que le arrastraban, y eran blancas: llamábanlas magadas.

Sin embargo, para precisar el objetivo final de este colectivo de mujeres, es necesaria una lectura detenida de las fuentes y una mejor contextualización de los hechos dentro del ámbito cultural y religioso de las antiguas sociedades amazighes del Archipiélago.

En esta línea, el estudioso que más tiempo ha dedicado a explorar el papel de la mujer en la vida isleña, el Sr. Pérez Saavedra [(1982) 1997: 142], interpretó el fenómeno de las (hari)maguadas como un caso de reclusión de menstruantes novicias, de muchachas púberes (mawwad) que se preparaban para ser esposas: «una modalidad de los ritos de paso, de pubertad o iniciación a la vida sexual adulta, tan corriente en las sociedades primitivas». Todos los datos disponibles señalan que le asiste la razón cuando observa que las (hari)maguadas no consagraban su virginidad a ningún dios ni se recluían por espíritu ascético, sino que, al cuidado de mujeres expertas, eran instruidas en todo lo relacionado con el matrimonio –concebido más como destino que como posibilidad– y la maternidad. Era precisamente su condición de futuras madres –además de la pureza que se asociaba a la virginidad– el nexo que las unía con lo sobrenatural.

Baños y rituales

El encierro de las jóvenes se veía justificado por un tabú de contacto muy arraigado en la cultura amazighe: el temor a la sangre –en este caso, la sangre de la menstruación. Según las fuentes etnohistóricas, las novicias sólo salían de su recogimiento para bañarse a solas en la mar, para participar en algunos rituales colectivos relacionados con la lluvia y para su casamiento.

Los baños purificadores, que en ningún caso eran exclusivos de las (hari)maguadas, debían efectuarse al término de las menstruaciones. El agua del mar cumplía su función como desinfectante de las presuntas impurezas sexuales, al tiempo que se le atribuía cierto poder fertilizante. Por su parte, los hombres tenían terminantemente prohibido asistir a los lavatorios: «íhauían de ir solas auíadía díputado para esso y assí sauíendolo, ono, tenía pena delaVida el hombre que fue auerlas oencontrarlas í hablarlas» [Gómez Escudero (ca. 1484) 1934: 67v].

En cuanto a la participación de estas jóvenes en determinados rituales, Abreu Galindo recoge en su Historia el siguiente episodio:

Cuando faltaban los temporales, iban en procesión, con varas en las manos, y las magadas con vasos de leche y manteca y ramos de palmas. Iban a estas montañas [Tirmac y Umiaya], y allí derramaban la manteca y leche, y hacían danzas y bailes y cantaban endechas en torno de un peñasco; y de allí iban a la mar y daban con las varas en la mar, en el agua, dando todos juntos una gran grita [Abreu (ca. 1590) 1977: 157].

Los paralelismos entre este ritual y la Fiesta de la Rama, celebrada hasta nuestros días por las gentes de Agaete (Gran Canaria), parecen evidentes. Y es que, desde tiempos remotos, los ritos de fertilidad han sido de vital importancia para los pueblos amazighes.

De todos modos, el protagonismo de las (hari)maguadas en este tipo de actos no es suficiente para catalogarlas como sacerdotisas. En opinión del Sr. Pérez Saavedra [(1982) 1997: 156], «dicha participación no constituye su fin originario, ni las define, ni es fundamental». Tal vez, las únicas féminas susceptibles de recibir el grado de sacerdotisas sean aquellas maestras que se encargaban de instruir a las novicias. No obstante, hemos entrado ya aquí en el terreno de las conjeturas, porque todas las características expuestas hasta ahora guardan no poca coincidencia, por ejemplo, con las vestales romanas. Y es que la existencia de cosas, personas o grupos específicos a los que se les reconocen cualidades benéficas o profilácticas, que, además, pueden transmitir, menudea en toda la cultura amazighe. Es el caso del color blanco, de ciertos roques sagrados o de los conocidos “hombres mascotas” (o “legítimos”), que también gozaban de una protección divina que transferían a sus acciones.

Localización y etimología

El estudio del caso de las harimaguadas presenta una dificultad añadida. A lo largo de los años, al transmitirse la información de autor en autor, la descripción inicial de este colectivo femenino parece haber sido adulterada en algún pasaje.

Tal vez el ejemplo más claro sea el que nos proporciona Antonio de Viana, quien parece haber sido pionero en extrapolar el término ‘harimaguada’ a la isla de Tenerife. Hasta la publicación de su Poema, las fuentes lo habían aplicado exclusivamente a la isla de Gran Canaria, si bien es cierto que en la crónica del conquistador toledano Antonio Cedeño [(ca. 1490) 1993: 378] ya se habla de «Harimaguadas» tinerfeñas. Aún así, se sospecha que ésta y algunas otras referencias similares fueron introducidas en la copia que Marín de Cubas (1682-1687) realizó del manuscrito.

Viana llama ‘harimaguadas’ a las «bautizadoras» guanches documentadas en la obra de Espinosa, extremo que, según Pérez Saavedra [(1982) 1997: 157], «carece de fundamentación histórica», y se perpetúa, de manuscrito en manuscrito, desde la edición de las Antigüedades. Sin embargo, un análisis etimológico de la voz ‘harimaguada’ puede aportarnos datos reveladores. El vocablo presenta varias lecturas pertinentes, aunque lo más probable es que proceda de la construcción ínsuloamazighe ary_m-awwad, cuya traducción más ajustada es la de ‘(mujer) virgen que contrae parentesco (o protege)’ [Reyes 2006: 56]. Una relación de parentesco que también caracterizaba a las «bautizadoras» de Espinosa [(1594) 1980: 35]:

Acostumbraban [...] cuando alguna criatura nacía, llamar una mujer que lo tenía por oficio, y ésta echaba agua sobre la cabeza de la criatura: y aquella tal mujer contraía parentesco con los padres de la criatura, de suerte que no era lícito casarse con ella, ni tratar deshonestamente.

Aunque resulte bastante difícil acotar el verdadero estatuto social y religioso de esta comunidad femenina tan particular, parece oportuno insistir en que la etimología de los conceptos arroja algunas certidumbres útiles para el análisis etnohistórico. La voz harimaguada (ary_mawwad), corrompida en marimaguada por los españoles [Gómez Escudero (ca. 1484) 1993: 435], contiene una cualificación particular, el ‘parentesco protector’, sobre la expresión maguada (mawwad), que remite sólo a la ‘adolescente o virgen’. En ambos casos estamos en presencia de agentes o portadoras de un caudal de ‘pureza benéfica que canalizan a través de sus acciones’, pero también ante una distinción cualitativa que bien puede hacer referencia a la condición de ‘maestras’ y ‘pupilas’, respectivamente.

En todo caso, nada aconseja dar por cerrada la caracterización definitiva de este colectivo tan importante para la vida ritual y económica de las sociedades ínsuloamazighes.

Fuentes

ABREU GALINDO, Juan de. 1977 (d. 1676 < style="font-style: italic;">Historia de la conquista de las siete islas de Canaria. Edición crítica con introducción, notas e índice por A. Cioranescu. S/C de Tenerife: Goya.

CEDEÑO, Antonio. 1993 (< style="font-style: italic;">Brebe resumen y historia muy verdadera de la conquista de Canaria scripta por Antonio Cedeño natural de Toledo, vno de los conquistadores que vinieron con el general Juan Rexon, en Morales (1993: 343-381 + 1 lám.). [Ms. en paradero desconocido].

ESPINOSA, Alonso de. 1980 (1594). Historia de Nuestra Señora de Candelaria. Introducción de Alejandro Cioranescu. S/C de Tenerife: Goya.

GÓMEZ ESCUDERO, Pedro. 1934 (< style="font-style: italic;"> Líbro segvndo prosígve la conqv’sta de canaria. Sacado en límpío fielmente del manuScrito del licencí. Ped∞ Gomes Scudero Capellan. [Microfilme Millares Carlo. Ms. F-1, en El Museo Canario].

LACUNENSE. 1993 (< style="font-style: italic;">Conquista de la Isla de Gran Canaria, hecha por mandado de los señores Reyes Cathólicos Don Fernando y Doña Isabel. Por el capitán Don Juan Rejón y el Gouernador Rodrigo de Vera con el Alferes Mayor Alonso Jaimes de Sotomayor. Comensose por Musiut Joan de Betancurt el año de 1439 y se acavó el año de 1477 dia del bienaventurado S. P.° martyr a 29 de abril y duró 38 años esta conquista, en Morales (1993: 185-228 + 1 lám.).

MORALES PADRÓN, Francisco (ed.). 1993 (1978). Canarias: crónicas de su conquista. Transcripción, estudio y notas. Las Palmas de Gran Canaria: Cabildo, 2ª ed. (Ínsulas de la Fortuna, 2).

OVETENSE. 1993 (< style="font-style: italic;"> Libro de la conquista de la ysla de Gran Canaria y de las demás yslas della trasladado de otro libro orijinal de letra de mano fecho por el alferes Alonso Jaimes de Sotomayor que uino por alferes mayor de la dicha conquista el qual se halló en ella desde el principio hasta que se acabó y murió en la uilla de Gáldar en Canaria donde tiene oy uisnietos, el qual libro orijinal rremitió a esta ysla el capitán Jhoan de Quintana persona fidedina y de mucho crédito donde fue trasladado por el capitán Alonso de Xerez Cardona en quatro de marso de mil y seissientos y treynta y nueue años, en Morales Padrón (1993: 107-183).

Bibliografía

PÉREZ SAAVEDRA, Francisco. 1997 (1982). La mujer en la sociedad indígena de Canarias. Tenerife: CCPC, 4ª ed.

REYES GARCÍA, Ignacio. 2004. Cosmogonía y lengua en Canarias. S/C de Tenerife: Foro de Investigaciones Sociales.

REYES GARCÍA, Ignacio. 2006. Voces del poder en el amazighe insular. S/C Tenerife: Foro de Investigaciones Sociales.
Autor: Néstor Bogajo